22. ¡VIVA LA NICOLASA!
Friday, December 5, 2003
Aita Barandiaran nos recordaba un refrán eusquérico de raíces ancestrales: “Izena duen guztia omen da” (todo lo que tiene nombre dicen que existe). Tan sabia reflexión vasca se puede aplicar a muchas cosas; por ejemplo, a la existencia de España desde hace dos mil años. Así es, sin duda, porque cuando la civilización romana llega a la península ibérica y finalmente culmina su dominio, ya tiene una palabra que denomina algo que existe: Hispania. Por cierto, que le resulta un paseo su fusión con la civilización ibérica y tartésica preexistente en la zona mediterránea, le cuesta bastante más la conquista de la aguerrida meseta céltica, y casi doscientos años el norte peninsular donde habitan pueblos neolíticos y bárbaros -Julio Caro Baroja dixit-.
Pues bien, España existe desde hace dos milenios, el Estado español desde hace quinientos años, pero la Nación española –en su sentido ilustrado, es decir político o cívico, y no étnico o cultural- existe tan sólo desde hace menos de doscientos años. Exactamente desde que en una fecha gloriosa para los españoles todos, incluidos los vascos, el 19 de Marzo de 1812 se proclamó la Constitución de Cádiz, cuando se conformó el primer Estado de derecho español, cuando se vislumbró el advenimiento de la nación en sentido moderno. La constitución dada a luz por los progresistas de la época –los liberales- que pretendía dar por finiquitado el Antiguo Régimen, el absolutismo, al socaire de la Revolución Francesa de 1789. La constitución que por primera vez en España fundaba el Estado español en la piedra angular de la Modernidad cuando proclamaba “la soberanía reside en la Nación española”.
Por ello el grito de guerra del progresismo español siempre ha sido ¡Viva la Pepa!, en recuerdo del día glorioso que fue aquel 19 de Marzo, día de San José. Constitución que por cierto, según nos recordaba el añorado Mario Onaindía en su libro “La construcción de la nación española. Republicanismo y nacionalismo en la Ilustración”, recogía la idea ilustrada de que los Fueros no constituían un sinónimo de privilegios, fueran estos nobiliarios o de las ciudades, sino de libertades individuales que actuaban como freno frente al poder real según la interpretación republicana.
Desgraciadamente ni “la Pepa”, ni los gobiernos progresistas del siglo XIX, ni las efímeras Repúblicas, permitieron una larga experiencia del pueblo español en el disfrute de la democracia y el Estado de Derecho. Tan sólo la Constitución progresista de 1978, sin discusión heredera de la Constitución de 1812, ha permitido un largo periodo de democracia y prosperidad sin parangón en la historia de España. Constitución que cumple ahora nada menos que 25 años de vigencia, y que recientemente ha sido puesta en el punto de mira del secesionismo vasco, pero que también actúa como punta de lanza para a su rebufo proseguir la balcanización de España por obra de los secesionismos catalán y –en menor medida por su bajo potencial económico- gallego.
La constitución de 1978 se basa en cuatro pilares que son los que sostienen el edificio democrático español, y que son precisamente los que Ibarretxe y Carod-Rovira quieren dinamitar de manera espuria. Esos cuatro pilares están reflejados en los dos primeros artículos de la Carta Magna, y su destrucción significaría la ruina del Estado de Derecho en España:
Artículo 1.
1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
3. La forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria.
Artículo 2.
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.
Obsérvese que el primer pilar proclama los valores democráticos y sociales del Estado español, el segundo basa la soberanía en el pueblo español, el tercero define la forma de gobierno (monarquía parlamentaria, pero siempre estaría supeditada al precedente, que define al pueblo como el dueño de la soberanía), y el cuarto acota la amplísima autonomía de nacionalidades (naciones en sentido cultural, que no político) y regiones dentro de la unidad de la nación (en sentido político) española.
Por lo tanto, celebremos este vigésimo quinto aniversario de la constitución de 1978 con alegría por el extraordinario lapso de tiempo democrático gozado por los ciudadanos españoles, pero también con preocupación por el tremendo peligro que suponen los intentos de dinamitarla por parte de las fuerzas secesionistas vascas y catalanas. Porque naturalmente que la constitución se puede -y se debe- modificar siguiendo sus propias reglas, pero no demolerla derrumbando sus cuatro pilares fundamentales. Por eso suena a ignorancia –o a malicia- las voces de pretendidos sectores de la izquierda que defienden el derecho de Ibarretxe y sus acólitos catalanes a la modificación de la constitución. Reforma sí, dinamita no, ni reforma como preámbulo para la demolición del edificio democrático.
Esa izquierda sin duda reaccionaria –valga la aparente pero no real contradicción-, que da soporte a las fuerzas más reaccionarias, por su sentido étnico y por tanto predemocrático de la nacionalidad, en su afán por dinamitar los pilares de esta magnífica y progresista constitución. Constitución aprobada en referendo por el pueblo español –incluyendo los ciudadanos vascos- un 6 de Diciembre, día de San Nicolás.
Así como los progresistas españoles del siglo XIX clamaban ¡Viva la Pepa! como grito de combate contra la reacción caciquil, clerical y absolutista, nosotros, los progresistas del siglo XXI, tendremos que gritar ¡Viva la Nicolasa! para defender el Estado de derecho español y combatir las nuevas fuerzas reaccionarias que ancladas en los bastiones locales del caciquismo y clericalismo de Vasconia y Cataluña, cuentan como aliada con esa facción de la izquierda, una izquierda reaccionaria, una izquierda anarco-cantonalista, una izquierda extravagante, una izquierda tonta útil de la caverna.
Los progresistas españoles en general, y especialmente los vascos por vivir bajo el imperio de la mafia etnicista vasca, juntos liberales y socialdemócratas, gritamos y gritaremos sin desmayo ¡Viva la Nicolasa!
21. EL CANTAR DE IBARRETXE
Friday, November 7, 2003
Muchos de los vascos que ya peinamos canas, y que por ello hemos vivido la dictadura franquista y la represión que ésta llevó a cabo de la cultura eusquérica, que es una de las manifestaciones de la cultura plural vasca, pero no la única como pretenden los nacionalistas vascos, sentimos en un momento de nuestra vida el interés por el euskara y el folclore y la etnología eusquéricos. Otra cosa es que, como pasó en la Alemania nazi, las fuerzas nacionalistas vascas de carácter étnico, y por ende totalitarias, hayan tomado la bandera de la cultura euskaldún para convertirla en una arma letal contra la sociedad pluralista y cívica, la democracia y el Estado de derecho. Y que eso haya ocasionado en muchos casos por parte de los que defendemos todos estos valores en nombre de la Libertad un alejamiento del euskara y la cultura asociada a él, simplemente por reacción defensiva.
Viene esta reflexión a cuento al recordar un tradicional cantar eusquérico estos días en que Ibarretxe ha presentado su plan antidemocrático de secesión a plazos con una cantinela seudo-democrática, seudo-legalista y seudo-cívica. Un tradicional cantar medieval del minúsculo y precioso País de Soule –Zuberoa en batúa- y expresado en su delicioso y dulce dialecto suletino: Bereterretxeren canthoria (el cantar de Bereterretxe). Recuerdo la versión de voz sobria y ancestral como la txalaparta de Mikel Laboa, y la versión coral y aggiornada del grupo Ganbara.
El cantar de Bereterretxe es una historia medieval, truculenta y sangrienta, y el cantar de Ibarretxe es una cantinela medievalista, truculenta y que se aprovecha de la sangre derramada por la otra rama del nacionalismo étnico para hacer chantaje a la sociedad vasca.
Medievalista porque ignora la existencia desde hace dos milenios de España, desde hace cinco siglos del Estado Español, desde hace casi doscientos años de la nación española proclamada en Cádiz en 1812 al rebufo de la Ilustración y de la Revolución francesa, y desde 1978 de una constitución democrática y ampliamente autonomista, e ignora todo ello para proclamar la mítica existencia de un pueblo milenario, el vasco, que en nombre de la paleo-antropología suprime los valores de la Modernidad y derriba el Estado de derecho.
Truculenta porque arrastra de forma morbosa y dramática a la sociedad vasca a la fractura, al enfrentamiento e incluso a la guerra civil, al romper las reglas de juego consensuadas por todos los vascos con el Estatuto de Gernika e imponer un nacionalismo excluyente al resto de la sociedad no nacionalista, lo que supone una limpieza étnica de incalculables consecuencias.
Sangrienta porque sin la amenaza del terrorismo de la otra rama del nacionalismo vasco la cantinela del lehendakari no pasaría de ser una extravagancia que condenaría al ostracismo al partido que la propusiera. Pero al haber inoculado el odio étnico en las escuelas, en las iglesias, en los medios de comunicación públicos, en la calle y en los hogares, y por tanto legitimar la guerra de ETA contra la democracia española, el plan de Ibarretxe se convierte en el precio político a pagar por el fin del derramamiento de sangre, a cambio de aceptar el proyecto de la mafia vasca.
Ibarretxe se rebela contra el Estado de derecho al proclamar que nada ni nadie frenará su plan de secesión, a sabiendas de que éste es imposible porque dinamita de forma unilateral la nación española, y que por ello no se trata de una modificación del estatuto y de la constitución realizadas al amparo de la ley.
Ibarretxe baila sobre las tumbas de los asesinados por ETA al dar la razón política a sus asesinos, y por lo tanto justifica a posteriori los casi mil crímenes etarras.
Ibarretxe, en última instancia, también se rebela contra la futura constitución europea que prohíbe expresamente los actos de secesión de cualquier territorio de la Unión.
El cantar de Ibarretxe es un acto unilateral de secesión que nunca podrá triunfar. Pero sin duda va a producir una fractura y una confrontación social que durará decenios en extinguirse, destruyendo el tejido social en Vasconia como sucedió en Bosnia, y provocando la balcanización de España. Ibarretxe debería olvidar su cantar, y dedicarse a gobernar una autonomía de la cual es presidente gracias a la constitución española y el estatuto vasco de la cual dimana. Debería recordar lo que se cantaba en las montañas suletinas y cómo terminaba el cantar:
Ezpeldoiko alhaba,
Margarita deitzen dena,
Bereterretxen odoletik ahürkaz biltzen ari da.
Ezpeldoiko bukhata,
Ala bukhata ederra!
Bereterretxen athorretarik hirur dozena ümen da.
(La hija de Ezpeldoi,
que se llama Margarita,
sangre de Bereterretxe a manos llenas está recogiendo.
La colada de Ezpeldoi,
¡qué hermosa colada!
Cuentan que hay tres docenas de camisas de Bereterretxe).
20. LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE EN VASCONIA
Saturday, October 18, 2003
Las jornadas revolucionarias de aquel mes de Febrero en Vasconia vinieron a sorprender a un régimen español que llevaba varios años desacreditado y en permanente crisis por las continuas concesiones a los partidos nacionalistas fraccionarios, que habían convertido sus comunidades autónomas, de facto, en comunidades independientes. Concesiones que habían aceptado los partidos españoles para poder gobernar en Madrid en aras de un pragmatismo mal entendido. El caos era total en aquella España que había pasado de ser plural a ser anárquica. Se podía decir con propiedad que en España el Estado había desaparecido.
Después de cinco días de manifestaciones en las calles del País Vasco y del amotinamiento de las instituciones autónomas, la constitución española de 1978 fue derogada en nuestra tierra. Proclamada la independencia de Euskal Herria, el 2 de Marzo se puso en marcha un gobierno provisional, liderado por Ibarretxe y compartido por las tres fuerzas políticas que habían pilotado con su mayoría absoluta en las instituciones vascas la desobediencia a las instituciones centrales, es decir, PNV, EA e IU.
La fuerza nacionalista minoritaria, Batasuna, extremista pero preparada minuciosamente y de forma profesional para llevar a cabo la insurrección en Euskadi, se quedó fuera de ese gobierno. Su líder Otegi, que estaba exiliado en Francia, volvió a pisar suelo vasco. Porque la apuesta de esa organización revolucionaria era otra: capitalizar desde su estructura minoritaria y elitista, pero firmemente decidida a tomar el poder absoluto, la revolución de Febrero para convertirla en trampolín para su revolución. Para ello disponían del aparato llamado militar, ETA, capitaneado por Josu Ternera, que contaba con las armas, y con el fermento en las masas del afán etnicista largamente incubado en las escuelas, en los medios de comunicación públicos e incluso en muchas familias y cuadrillas. El hombre cruel y sin escrúpulos que dirigía la extensión del odio étnico por Vasconia era un tal Permach.
En realidad, el gobierno provisional de coalición de Ibarretxe, basado en las instituciones, y una vez extirpada la oposición constitucionalista-autonomista, actuaba bajo la sombra de un poder fáctico, la Udalbiltza o Soviet de municipios, donde las masas enfervorizadas, alentadas por la vanguardia revolucionaria de Batasuna, preparaban la explosión insurreccional.
En el verano de aquel año la situación del gobierno provisional de Ibarretxe se hizo insostenible. El aislamiento internacional –Euskal Herria había sido expulsada de la Unión Europea-, la consiguiente crisis económica, la debilidad de la institución frente al creciente poder de las masas dirigidas por la Udalbiltza, todo hacía prever que el fin del gobierno provisional tocaba a su fin.
Otegi, que se había autoexiliado de nuevo en Iparralde, preparaba con su brazo derecho, y armado, Josu Ternera, y su brazo izquierdo, y político, Permach, el golpe definitivo. El 10 de Octubre Otegi regresó clandestinamente al País Vasco, y dio la orden final para la revolución. El 25 de Octubre estalló la gran revolución vasca. Tal y como quería Otegi, el número de participantes directos fue limitada, pero muy efectiva: una actuación terrorista de impacto dirigida por Josu Ternera, y algunos centenares de militantes batasunos que tomaron algunas aldeas y barrios vascos. La toma del poder se realizó en nombre de la Udalbiltza, es decir, del Pueblo Vasco, y apenas hubo oposición por parte del gobierno provisional, porque en realidad semejante gobierno ya no existía.
Por supuesto, todo se hizo en el nombre del pueblo, pero sin el pueblo. La vanguardia revolucionaria que tomó el poder, el partido minoritario Batasuna, instauró una dictadura cruel y despiadada, bajo la batuta de Otegi. Los soviets municipales, teledirigidos por el politburó de Batasuna, formalizaron el poder en la Udalbiltza Suprema, y Josu Ternera reconvirtió su organización armada, ETA, en el nuevo Ejército Rojo vasco.
La dictadura más cruel se extendió por Vasconia, una Vasconia aislada política y económicamente, pero autárquica, y con buena parte de las masas narcotizadas por el mensaje revolucionario étnico, de construcción de una nación étnica en base a un Pueblo milenario. Todo sacrificio era poco para los súbditos, que no ciudadanos, de esa República Socialista Euskaldún, porque el Gran Ideal se había puesto en marcha. Todos los disidentes democráticos fueron purgados, exterminados en los Gulags o empujados al exilio.
Después, todo fue el Horror con mayúsculas. A los siete años de la Revolución de Octubre murió Otegi, el dictador supremo, y se desató una tremenda lucha por el poder en el seno de Batasuna. Triunfó el más despiadado y maquiavélico de sus hombres, Permach, que se hizo con la gobernación de Euskal Herria en medio de un baño de sangre. Mandó asesinar a todos los dirigentes históricos de Batasuna que habían propiciado con Otegi y con él la Revolución, incluyendo la peripecia rocambolesca de la muerte del líder histórico de ETA, Josu Ternera, exiliado en México, a manos de un mercenario enviado por Permach.
Este hombre instauró la más horrible de las dictaduras, y acumuló millones de muertos a sus espaldas. Como es lógico, nunca se alcanzó el Paraíso prometido de una nación vasca étnicamente pura, pero la supuesta persecución de ese ideal permitió el mantenimiento de un régimen dictatorial durante muchos años. El sangriento experimento duró 70 años y costó millones de muertos. La construcción de la Nación Vasca terminó como había empezado, sobre un montón inmenso de cadáveres.
19. LA IZQUIERDA POR ESPAÑA
Saturday, September 27, 2003
Frente a la deriva anarco-cantonalista del PSOE de Zapatero, convendrá ir recordando cómo la mejor tradición de la izquierda democrática española, de la izquierda ilustrada, ha defendido siempre la idea de una España plural pero unida por la Historia –que no por las mitologías de los nacionalismos- y sobre todo unida por la Constitución que convierte los individuos en ciudadanos.
Más allá de las diversas etnias que constituyeron España, y que hoy conforman un crisol producto del mestizaje, la Ilustración nos dio el bien más preciado, la “Pepa”, la constitución de 1812 que supuso el bautizo de la democracia y de la modernidad en España, es decir, el nacimiento de la nación española. Aburre explicar una vez más que el concepto ilustrado de nación es el cívico, que marca la pertenencia a una nación por tener común una misma Ley que hace posible la ciudadanía, y no el étnico que fundamenta la pertenencia a una nación en retrógradas ideas como las de la etnia y sus tentáculos, la cultura, la lengua, la raza o la religión.
Por eso las corrientes históricas de la izquierda española, fundamentalmente la izquierda liberal-progresista, la izquierda republicana y la izquierda socialdemócrata siempre defendieron la realidad española y el proyecto plural pero único para España. Sólo el anarquismo y su extravagante idea de una España confederal y de libre asociación o segregación -¿por qué se repiten ahora estas mismas cantinelas?- desentonaba en el concierto de la izquierda. Ese mismo izquierdismo anarquista que cubrió de sangre con sus atentados terroristas las calles españolas en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del XX, y que se suicidó políticamente y asesinó políticamente a España con su deriva antidemocrática e insurreccional durante la Segunda República y la Guerra Civil.
Pero no es mi intención ilustrar la defensa del concepto de España desde la izquierda democrática española durante los dos últimos siglos, porque ahí están los discursos de políticos como Pablo Iglesias, Francisco Giner de los Ríos, Manuel Azaña, Fernando de los Ríos, Julián Besteiro, Indalecio Prieto y tantos otros, que evitan toda reiteración. Sólo la dialéctica de una dictadura de cuarenta años basada en el nacionalismo español más reaccionario, y la semilla del anarquismo español aparentemente desaparecido tras la Guerra Civil, han podido lograr que una parte de la izquierda actual haya tomado un rumbo confederalizante y autodeterminista, defensor del derecho a la diferencia y no del derecho a la igualdad, que es lo que caracteriza a la izquierda. En una palabra, una izquierda reaccionaria.
Cuando ciertos intelectuales, muchos artistas, y el buque insignia mediático-cultural del progresismo español, el grupo PRISA, apoyan y empujan a la izquierda política en esa deriva hacia el abismo anarco-cantonalista, resulta ilustrativo, paradigmático y reconfortante recordar cómo lo mejor de la intelectualidad y de las artes de la izquierda española defendieron con pasión, coherentemente con su pensamiento progresista, la idea de España.
¡Cuánto tendrían que aprender esos progres de salón y esos artistas de barricada si leyeran, por decir algo, lo que escribían los gigantes de la poesía española del siglo XX, todos profunda y radicalmente situados ideológicamente en la izquierda! Por ejemplo, lo que decía Federico García Lorca:
Podríamos hacer un mapa melódico de España y notaríamos en él una fusión entre las regiones, un cambio de sangres y jugos que veríamos alternar en las sístoles y diástoles de las estaciones del año. Veríamos claro el esqueleto de aire irrompible que une las regiones de la Península, esqueleto en vilo sobre la lluvia, con sensibilidad descubierta de molusco, para recoger en un centro a la menor invasión de otro mundo, y volver a manar fuera de peligro, la viejísima y compleja sustancia de España.
O Miguel Hernández:
MADRE ESPAÑA
Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra,
Con todas las raíces y todos los corajes,
¿quién me separará, me arrancará de ti, madre?
Abrazado a tu vientre, ¿quién me lo quitará,
Si su fondo titánico da principio a mi carne?
Abrazado a tu vientre, que es mi perpetua casa, ¡nadie!
Madre: abismo de siempre, tierra de siempre; entrañas
Donde desembocado se unen todas las sangres;
Donde todos los huesos caídos se levantan;
Madre.
O Blas de Otero:
ESPAÑA
Patria de piedra y sol y líneas
de lluvia liviana
(orvallo, sirimiri, de Galicia,
Asturias, Vascongadas:
mi imborrable lluvia en cursiva),
desesperada España,
camisa limpia de mi esperanza
y mi palabra viva, estéril,
paridora, rama agraz
y raíz del pueblo:
sola y soterraña
y decisiva
patria.
O Antonio Machado:
ESPAÑA QUIERE SURGIR
¡Oh, tú, Azorín, escucha:
España quiere surgir, brotar,
toda una España empieza!
¿Y ha de helarse en la España que se muere?
¿Ha de ahogarse en la España que bosteza?
Para salvar la nueva epifanía
Hay que acudir, ya es hora,
Con el hacha y el fuego al nuevo día.
La izquierda, la izquierda democrática e ilustrada, en lo político y en lo cultural, siempre defendió -desde que nació hace doscientos años- el concepto cívico de nación española como “res pública”, como bien común de todos sus ciudadanos, independientemente de su etnia, raza, religión, lengua o cultura, porque precisamente la unidad política es garantía de igualdad ante la ley de la rica pluralidad étnica, racial, religiosa, lingüística y cultural.
Porque el derecho a la igualdad y la igualdad de derechos son la seña de identidad de la izquierda, la izquierda siempre ha estado por España. La izquierda, la izquierda democrática, debe estar por España.
18. EL REPUBLICANISMO CÍVICO DE MARIO ONAINDÍA
Sunday, September 14, 2003
La muerte natural –y por ello amarga probablemente para los seudo-patriotas de Santimamiñe que habían decretado su ejecución, política unos y física otros- de Mario Onaindía nos ha dejado huérfanos no sólo a los ciudadanos que combatimos por la libertad y contra el etnicismo en esta Vasconia de desamores más que de amores, sino también a los intelectuales progresistas que desde la izquierda democrática tratan de sentar sólidos fundamentos ideológicos a una socialdemocracia que navega entre el islote hundido del marxismo y la orilla adversaria del neoliberalismo.
Mario, con una experiencia vital difícilmente superable por haber pasado de estar condenado a muerte por el franquismo a estarlo igualmente por el nacionalismo étnico vasco, y con una sólida formación intelectual, estaba ayudando a poner las bases ideológicas para una izquierda democrática del siglo XXI, junto a otros pensadores contemporáneos, y lo que a muchos nos afecta más directamente, para un combate intelectual sin tregua desde la izquierda al proyecto etnicista vasco.
Porque éste tiene en frente sin duda al nacionalismo étnico o cultural español que, actualmente y tras 40 años de dictadura franquista que le ha servido de vacuna, es residual sociológicamente y cero políticamente, y sobre todo a la derecha española moderna, predominantemente liberal-conservadora en lo ideológico, y por ello globalizadora y en absoluto nacionalista en sentido étnico a pesar de lo que digan algunos izquierdistas indocumentados. Claro que en ella existe una tendencia nacionalista en sentido cívico o político, pero precisamente este nacionalismo es lo opuesto al étnico o cultural. Es decir, el proyecto nacionalista vasco de limpieza étnica y segregación de España tiene claramente en frente a la derecha democrática española, incluyendo la vasca.
Pero la posición de las izquierdas españolas en general y vascas en particular no es en absoluto homogénea, entre otras razones porque existen muchas izquierdas como explica el filósofo Gustavo Bueno, y algunas de ellas como la marxista-leninista o la anarquista han jugado y juegan con el sentimiento nacionalista, bien para destruir la democracia parlamentaria camino de la dictadura del proletariado en el primer caso, bien para destruir o minimizar el Estado en el segundo. Y el pensamiento anarquista, pujante en el siglo XIX y fracasado en la primera parte del siguiente, se refugió a través del federalismo en una socialdemocracia triunfante políticamente. Pero el socialismo democrático tanto en sus orígenes marxistas –recordemos las críticas de Rosa Luxemburgo a la tesis nacionalistas y autodeterministas de Lenin y Stalin- como en su política pragmática de construcción del Estado del bienestar siempre ha sido predominantemente antinacionalista.
Dejamos a parte a un partido como IU de componentes marxista-leninistas, cristiano-marxistas y retro-ecologistas, que por su propia naturaleza es confederalista y autodeterminista. Pero en el PSOE, huérfano de una ideología definida desde que con buen criterio abandonó el marxismo, conviven un alma socialdemócrata y por tanto jacobina en el buen sentido de la palabra, es decir en el primigenio que lideró la revolución francesa de 1989 y no en su deriva totalitaria de la revolución de 1892, y un alma federalista sembrada por los injertos del anarquismo español que desapareció como tal con el suicidio de la CNT durante la República y la Guerra Civil. Si a ello unimos la realidad política española, donde para formar mayorías es necesario en muchas ocasiones utilizar como bisagra a los partidos nacionalistas periféricos, comprenderemos por qué el PSOE ha sido y es ambiguo en la gestión de la amenaza secesionista.
Es por ello que suenan muy interesantes los intentos de intelectuales como el de Salvador Giner, discípulo de Hanna Arendt, Félix Ovejero y tantos otros de sentar los fundamentos ideológicos para una izquierda democrática del siglo XXI en el llamado republicanismo cívico, y que obviamente no se refiere a la forma de Estado, monarquía o república, sino a los valores que desde la República Romana hasta nuestros días, pasando por el concepto de las ciudades libres del Medievo, y por el proyecto de la Ilustración plasmado políticamente en las revoluciones inglesa y francesa –la primera monárquica, la segunda republicana-, llegan hasta nuestros días. Es decir, a los valores de la “res publica” o bien común.
Según Salvador Giner las bases del republicanismo cívico son la defensa de la soberanía del individuo frente a las soberanías populares, la fijación de leyes acordadas por consenso para proteger los derechos individuales y sociales de los ciudadanos frente a la dominación económica, la participación ciudadana en la política y su control, y la promulgación de los valores cívicos (pago de impuestos, etc).
A parecida conclusión había llegado nuestro admirado Mario, con la ventaja de que aplicaba estos mismos conceptos no sólo a la reconstrucción de la ideología neo-socialdemócrata, sino que le servían para anclar desde la izquierda un sólido baluarte para combatir precisamente todo lo contrario a estos valores cívicos y republicanos de la izquierda, para luchar contra los del nacionalismo étnico, el reaccionario etno-nacionalismo que gira al rededor de valores como la soberanía de una etnia, la prevalencia del interés nacional frente a las leyes, la inoculación de valores étnicos y no cívicos, etc.
Es imposible resumir el pensamiento de Mario Onaindía al respecto, que básicamente ha desarrollado en el libro “La construcción de la nación española. Republicanismo y nacionalismo en la Ilustración”, pero podemos dar un par de pinceladas para ilustrar la ideología que propugna:
“Tenemos que replantearnos, por tanto, una serie de conceptos para fortalecer el socialismo política y moralmente, tales como la libertad, la patria, el valor de la ley, la virtud, etc., en general todos los términos procedentes de la tradición republicana cuya recuperación se plantea en círculos cada vez más amplios de la izquierda de todo el mundo para plantearse una alternativa al liberalismo”.
“La patria no significa el lugar de nacimiento sino el lugar donde uno vive en libertad gracias a la ley”.
El republicanismo cívico, he ahí una sólida ideología de izquierdas para combatir el etnicismo vasco que amenaza la libertad de la mitad de la ciudadanía vasca. Combate que habrá que desarrollar por razones obvias en alianza con la derecha democrática que también lucha contra la limpieza étnica.
Somos muchos los que pensamos que sólo cuando la izquierda haya demostrado que defiende más y mejor el Estado de derecho español que la derecha, podrá optar a gobernar España. Y que, paradójicamente, también el republicanismo cívico permitirá a la izquierda derrotar electoralmente al adversario neo-liberal triunfante hoy en España.
17. SANSÓN Y LOS FILISTEOS
Saturday, August 30, 2003
El asalto más grave a la democracia española desde el 23 de Febrero de 1981 está en su cuenta atrás. El plan de Ibarretxe, un proyecto inteligente de secesión por etapas para la comunidad autónoma vasca y la comunidad foral navarra –lo de la anexión de las provincias vascas de Francia no es más que un brindis al sol para atraer a ETA-Batasuna- camina a su ritmo previsto. El PNV sabe que tiene enfrente al PP, y tan sólo aspira a derrotarlo, sabe que tiene en frente al PSOE, pero espera con zalamerías y falsas “promesas de matrimonio” vencer su pudor inicial y violentar su historia centenaria de partido español, y sabe que tiene en frente a ETA-Batasuna porque el plan le parece blando e insuficiente, pero a la que aspira a convencer porque es la única fórmula inteligente que en una Unión Europea del siglo XXI puede acercar a los etnicistas vascos – a todos, a los formalmente democráticos y a los terroristas- a su sueño de una Euskal Herria limpia étnicamente e independiente.
Para ello el PNV cuenta ya entre sus aliados a su apéndice EA, doblemente apéndice porque en su decisión de coaligarse con el PNV en todo tipo de elecciones para asegurarse ciertas poltronas y prebendas, ha demostrado su verdadera esencia peneuvista, porque ni son más independentistas que el PNV –este partido hoy en día lo es plenamente, sencillamente es algo más taimado-, ni están a la izquierda del partido de Sabino Arana –su política conservadora lo demuestra, y su amor a las sotanas queda manifestado porque uno de sus líderes, Larreina, es miembro del Opus Dei-. Y asimismo cuenta con el apoyo de la Izquierda Unida de Madrazo, esa Izquierda Unida que también apoya a las dictaduras de Castro y Chávez, y a cuya sombra tan peligrosa se cobija un Zapatero en deriva hacia el mayor fracaso electoral de la historia del PSOE.
A partir de estas fuerzas acumuladas, los tres partidos que conforman el gobierno vasco, el primer objetivo del PNV es vencer y convencer al fanatismo extremista de ETA-Batasuna, porque con sus votos ya puede sacar adelante su proyecto secesionista en el parlamento vasco, aunque sea con una mayoría absoluta ajustada. A pesar de que en estos momentos la correlación de fuerzas en ETA-Batasuna ha dado como vencedor al sector más fanático y extremista de las nuevas generaciones anarko-nacionalistas, los dirigentes del PNV confían en sus buenas dotes de convicción y en que el huido Josu Ternera, uno de los más históricos ideólogos de ETA, firmemente anclado en el nacionalismo-leninismo, sepa convencer a su gente que desde un análisis político serio aunque totalitario como es el leninismo, el Plan de Ibarretxe es el único camino posible, aunque por etapas y con limitaciones, hacia la independencia de su monstruo soñado, Euskal Herria. El capo etarra podría agitar como señuelo el modelo histórico de un poder provisional de Ibarretxe-Kerenski a ser superado por los acontecimientos sabiamente agitados por los batasunos- bolcheviques. Por eso Ibarretxe repite una y otra vez que su referendum se realizará “en ausencia de violencia”, en román paladino, bajo un alto el fuego de ETA, y por tanto con su apoyo aunque sea implícito.
Pero Ibarretxe y el PNV aspiran a más, no sólo a sacar su proyecto secesionista con un cincuenta y poco por ciento de los escaños del parlamento, sino que apetecen darle mayor legitimación, “un apoyo electoral semejante al estatuto de Gernika” en sus retóricas manifestaciones, y eso sólo puede consistir en alcanzar un pacto con el PSE-EE para que de forma activa o pasiva, y bajo la fórmula falaz de una modificación del Estatuto de autonomía, este partido apueste también por, o al menos permita, avanzar en el plan del lehendakari. Quedaría como única oposición que defendiera la constitución española y el estatuto vasco el PP, pero este partido -que sin duda en su gran mayoría representa a la derecha democrática del País Vasco y que también recibe votos de ciudadanos progresistas que detestan la ambigüedad de ciertos socialistas vascos-, ya está siendo satanizado como un residuo franquista –cuando es obvio que si fuera franquista no defendería la constitución democrática y progresista de 1978 ni por supuesto el amplísimo estatuto de autonomía vasco- desde el PNV e incluso desde la sectaria dirección del PSOE encabezada por Zapatero en Madrid y por López en Euskadi.
En el maquiavélico plan diseñado por el Dr. Frankenstein-Arzalluz y su monstruosa criatura Ibarretxe juega a favor la convicción de que poderosísimas fuerzas dentro del PSOE están dispuestas a pactar con ellos un reparto inicuo del poder en España: Euskadi y Navarra para el PNV, el resto de España, que es bastante, para el PSOE. Esas potentes fuerzas ocultas residen en la sede de Gobelas, desde donde González diseña el despeñamiento electoral de Zapatero para colocar al frente del socialismo español a su delfín Solana, pero se manifiestan cada vez más a través de su plumilla Cebrián que está convirtiendo a un diario serio como El País en un panfleto sectario al estilo de la sectaria SER, a través de su hombre Chaves que desde la presidencia del PSOE vigila todo lo que se mueve, y a través también de su aliado táctico Maragall, que ejerce de mamporrero socialista para proponer reformas de estatutos de autonomía que en teoría son discutibles aunque políticamente legítimas, pero que en la práctica del año 2003 -en que la democracia española de 1978 es asaltada por el secesionismo vasco bajo el manto falsario de una falaz reforma del estatuto- resulta políticamente suicida y democráticamente letal para el Estado de derecho español que tantos siglos ha costado edificar.
El social-nacionalista Maragall no tiene nada de socialista ilustrado porque desconoce el concepto cívico o político de “nación” como territorio donde todos sus ciudadanos disfrutan de la libertad gracias a que impera una única ley, independientemente de su etnia, raza, cultura, religión o lengua. Y lo desconoce porque propone comenzar su nuevo estatuto catalán con la sentencia etnicista o culturalista de que “Cataluña es una nación...”. Y por si fuera poco, su proyecto de resucitar la Corona de Aragón nos retrotrae efectivamente a los tiempos anteriores a la Ilustración, al Antiguo Régimen medieval. El problema es que Maragall y el PSC dominado por él, al igual que Balbás y sus renovadores por la base incluyendo Tamayo, fueron los más firmes apoyos de Zapatero en el congreso en el que resultó vencedor por sorpresa y por tan sólo ocho votos frente a un sólido líder como Bono. Y Zapatero sabe que tiene que empezar a pagar las letras que firmó, porque de otra forma Maragall le podría dejar caer al vacío como hizo Balbás cuando no recibió todos los momios prometidos en la comunidad de Madrid.
Arzalluz e Ibarretxe saben que resultará muy difícil al PSOE justificar frente a los ciudadanos españoles una traición así a la democracia española, pero con algo de suerte, buenas promesas de sinecuras y prebendas, y una buena campaña mediática la cosa podría salir medio bien. Recientemente el ínclito Maragall ha insinuado que su proyecto nacionalista para Cataluña podría permitir una “excepción” para el País Vasco, dicho de otra forma y sin tapujos, una rendición de la democracia española aceptando la secesión vasca a cambio del fin del terrorismo. Exactamente la misma añagaza que utiliza el PNV. Pero si finalmente la mayoría de los socialistas españoles se rebelan ante esta ignominia, o los ciudadanos españoles la hacen fracasar con sus votos, y el PNV no alcanza este plan óptimo de mayoría cualificada –todos excepto el PP- para su plan secesionista, siempre quedará el plan menos malo de proclamar la soberanía vasca a partir de la mayoría absoluta del parlamento que conforman los cuatro partidos del frente de Estella-Lizarra.
La situación de Zapatero es difícil, y con él la del PSOE, y así lo están advirtiendo voces del socialismo ilustrado como Cristina Alberdi, Nicolás Redondo, Peces-Barba y quizá con excesiva prudencia José Bono. Y sabios ilustrados como Fernando Savater. Porque tras una victoria pírrica en las elecciones municipales y autonómicas cuando tenía todas la condiciones objetivas para derrotar de forma clara a un Aznar en el peor momento político de su historia, ha venido su fracaso poselectoral con las posteriores crisis gravísimas de disciplina interna en Cataluña, Navarra, Madrid, Marbella, etc. Esto le hace vislumbrar su fin político con una derrota sin paliativos en las generales de Marzo del 2004, y su desesperación puede arrastrarle a la aceptación de los planes de González y Maragall. Pero esa opción convertiría a Zapatero en un nuevo Sansón que moriría matando, derribando las columnas del templo al grito de “perezca yo, Sansón, y los filisteos conmigo”. El problema es que el templo a derribar es el Estado de derecho español, y los filisteos que perecerían con él son no sólo los socialistas, que también, sino todos los ciudadanos demócratas españoles.
16. EL PLAN DE LA VASELINA
Saturday, July 26, 2003
El verano quizá nos permita relajar algo la altísima tensión que padece la vida política española, pero a partir de Septiembre, cuando previsiblemente bajará la temperatura física, comenzará a subir de forma alarmante la temperatura política. No me refiero a la nueva convocatoria de elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid, ni siquiera a las posteriores elecciones catalanas y las subsiguientes –ya sin solución de continuidad-elecciones generales de Marzo del 2004. Me refiero al mayor desafío a la democracia española desde el 23 de Febrero de 1981, día del frustrado golpe de Estado militar, cual es el proyecto unilateral de secesión del Estado democrático español de un territorio, territorio a definir, puesto que además de la independencia de una comunidad autónoma española como es la vasca, se pretende abrir la puerta para la anexión –como un “anschluss” de Austria redivivo- de otra comunidad autónoma, Navarra, e incluso la desmembración de una pequeña parte de la República Francesa, el País Vasco francés, cual “revival” de la conquista de los Sudetes checos.
Plan tan estrafalario no merecería mayor comentario que el chascarrillo o el chiste fácil si no fuera porque el asunto va en serio, tremendamente en serio, en una tierra donde una mafia terrorista basada en el discurso revolucionario de carácter étnico campa por sus respetos con total impunidad e incluso cuenta como abogados defensores con las máximas instituciones autonómicas, el lehendakari y el presidente del parlamento vasco. Por lo tanto, en un mundo absurdo desde el punto de vista democrático, como es el vasco, el plan-amenaza de Ibarretxe es muy serio y va en serio.
El proyecto es claramente independentista, pero por ser un proyecto serio no se presenta como tal, sino por fases, alcanzando en primera instancia -bajo el imposible jurídico que es una Comunidad Libre Asociada, porque una parte como es una comunidad no se puede asociar libremente a un todo como es el Estado- un estatus especial de soberanía vasca y capacidad de autodeterminación, lo que permitiría la posterior independencia, una vez ultimada la limpieza étnica que unos quieren hacer a tiros y otros con leyes que conviertan a los vascos no nacionalistas en “alemanes en Mallorca”, y que se puede lograr con la sabia complementariedad que proporcionan ambos métodos.
Dada la situación mundial y especialmente europea, con un proyecto de constitución para la Unión que prohíbe expresamente la secesión de un territorio de un Estado miembro, los destacados titiriteros del nacionalismo vasco, que conducen la deriva de éste hacia el suicidio por sus postulados étnicos, se afanan en edulcorar, acicalar, maquillar y empolvar su propuesta. Porque su proyecto habla del derecho de los vascos a decidir su futuro, y se basa en una falsa reforma del estatuto de autonomía, que es una ley orgánica imbricada en la constitución española, ocultando así que el plan de Ibarretxe es una auténtica constitución para un Estado vasco que borre todo vestigio de la constitución española, porque gira al rededor de tres elementos: preexistencia de una nación -denominada Euskal Herria, anterior a todo Estado de derecho-, cosoberanía y estatus de libre asociación.
Es decir, tres conceptos absolutamente anticonstitucionales, porque la ley de leyes española que ha dado más estabilidad democrática en la Historia a nuestra convulsa España define claramente que la soberanía reside en la nación española. Por tanto se atiene al concepto ilustrado, republicano, de la Modernidad, que es el de nación como conjunto de ciudadanos que disfrutan de la libertad gracias al imperio de una misma Ley, independientemente de su etnia, raza, lengua o religión. Y esta misma constitución, democrática y progresista, reconociendo la diversidad y pluralidad desde el punto de vista cultural, reconoce, ampara y potencia la autonomía de las diferentes nacionalidades y regiones de España. Y si se inventó la palabra nacionalidad, fue para dar satisfacción a los partidos nacionalistas democráticos que participaron en su elaboración, pues permitía introducir el concepto de “nación cultural” a vascos, catalanes y gallegos, sin desmentir el enunciado primero, que como “nación política” sólo existe España, y en ella reside la soberanía.
Por si fuera poco, Ibarretxe y la plana mayor del PNV no se recatan en afirmar que el proyecto se llevaría a cabo con o sin consenso, con o sin acatamiento de la legalidad vigente, que remite en última instancia a las Cortes españolas –representación de la soberanía de los ciudadanos- como garantes de cualquier modificación de los estatutos de autonomía, y por supuesto de la constitución.
Pero el maquillaje de este plan secesionista se ha agudizado en los últimos tiempos cuando el tripartito gobernante en Vitoria ha constatado que previsiblemente el PP seguirá en el gobierno a partir del 2004, y que éste es el único partido que se toma totalmente en serio el desafío etno-nacionalista. Por ello está modulando su mensaje, puliéndolo de sus aristas más rupturistas, hablando de desvincularlo de la violencia etarra, y tratando de asemejarlo a las pretensiones de modificación del estatuto catalán, que al socaire del independentismo vasco están lanzando en una carrera enloquecida los nacionalistas de CiU y ERC e, incomprensiblemente, los socialistas dirigidos por el cripto-nacionalista Maragall.
La única esperanza de Ibarretxe y sus aliados de ETA-Batasuna es que el PSOE, en plena deriva hacia el abismo dirigido por un Zapatero preso de sus aliados internos, en especial de Maragall, caiga en la trampa de abanderar la reforma del estatuto catalán, rompiendo así el consenso histórico de la España de 1978 que permitió alcanzar una democracia sin parangón en su historia por su progresismo y su pluralidad cuasi-federal, pero abriendo la puerta a la modificación del estatuto vasco, todo lo cual constituiría un magnífico lubricante para colar por detrás el secesionismo unilateral y por etapas que pilota el nacionalismo étnico vasco.
En definitiva, y hablando sin tapujos, el plan Ibarretxe consiste en la sodomización forzada de la democracia española, desmembrando España por etapas para alcanzar su sueño independentista que comparte con ETA-Batasuna, pero ese enculamiento de nuestro Estado de derecho necesita de grandes dosis de vaselina para llevarse a cabo sin producir desgarros que lo imposibiliten. También parece conveniente la figura del palanganero, aquel menestral que en las antiguas casas de lenocinio portaba la palangana con agua y jabón para la higiene íntima necesaria en ciertos actos de intercambio de fluidos corporales.
Podríamos decir que la reforma de los estatutos de autonomía es la vaselina que necesitan los sodomizadores de la democracia española. Y que, incomprensiblemente, algún dirigente del PSOE podría participar como palanganero en semejante acto de barbarie como es la sodomización del joven Estado de derecho español.
15. EL SÍNDROME SIAMÉS DEL NACIONALISMO VASCO
Saturday, July 12, 2003
La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), organismo del Consejo de Europa, ha expresado en un informe sobre España su inquietud por el nacionalismo agresivo existente en el País Vasco y por la dimensión xenófoba y étnica del mismo. El estudio también recuerda el informe del comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Álvaro Gil Robles, respecto a que “el uso de los medios de transmisión de la cultura y del conocimiento basado en una concepción legítima de posiciones nacionalistas, pero desafortunadamente involucrando la opción de exclusión y agresión contra aquellos que no son nacionalistas, roza a veces la incitación a posiciones racistas o xenófobas”.
El nacionalismo vasco, como todos los nacionalismos etnicistas, está anclado en la reacción decimonónica contra la Ilustración en el plano intelectual y contra la democracia parlamentaria en el plano político, es decir, contra la modernidad y contra el Estado de derecho. Simplemente, porque abomina de la revolución democrática que supuso la teoría de los contrapoderes del Estado y el concepto de ciudadanía, concepto de libertad individual e intransferible de todas y cada una de las personas que componen una nación, independientemente –y si es necesario en contra- de toda diferencia por razón de etnia, raza, cultura, lengua, religión y cualquier otro elemento identitario.
La esencia del nacionalismo étnico es la obsesión por la identidad étnica –antes era la raza, ahora es la cultura y especialmente la lengua- de un colectivo, que en aras de su salvaguarda lleva a sacrificar los derechos individuales más sagrados, los derechos políticos en el caso de los partidos formalmente democráticos como PNV y EA, y los derechos humanos, y especialmente el derecho supremo, el derecho a la vida, en el caso del conglomerado autodenominado MLNV, es decir, ETA-Batasuna. Recordemos que el presidente del PNV dijo que en una hipotética Euskal Herria independiente los no nacionalistas vivirían “como los alemanes en Mallorca”, es decir, sin derechos políticos, y que ETA-Batasuna llama “colonos” a los vascos no nacionalistas y ha decretado la alternativa de eliminación física o exilio.
Para el nacionalismo étnico, las personas son como células de un organismo, como simples células de algo mucho más trascendente, de un organismo como es la etnia. Las células no son importantes, lo realmente primordial, lo sustancial, es el organismo étnico, la nación en su concepto premoderno y predemocrático, no en su concepto republicano o ilustrado de nación como conjunto de personas que viven bajo un mismo Estado de derecho.
Para el nacionalismo étnico, las personas son como hormigas, como simples seres gregarios pertenecientes a algo mucho más trascendente como es un jerárquico hormiguero. Las hormigas no son importantes, lo realmente primordial, lo sustancial, es el hormiguero étnico, la nación étnica. Todos sus miembros, obreras, zánganos y reina pueden y deben sacrificarse en aras del bien común. Pero la ciencia, que ilumina a la humanidad con las luces de la razón y borra el oscurantismo premoderno, ha demostrado que el gregarismo zoológico desembocó en un callejón sin salida en la evolución de las especies. Los insectos y otros animales superiores gregarios quedaron varados en su gregarismo, mientras que la evolución de la máxima inteligencia y el desarrollo de lo que unos llaman alma y otros llamamos mente superior, la aparición del homo sapiens en definitiva, surgió de la individualidad como mejor respuesta de adaptación a un entorno dramáticamente cambiante.
Todas estas reflexiones vienen a las mientes después de haber vivido estos días la tragedia de dos chicas siamesas iraníes, Laleh y Ladan, unidas por la cabeza, que hartas de vivir sin libertad individual durante 29 años, hartas de no sentirse seres humanos sino miembros de un conglomerado superior a ellas, hartas de no sentirse personas, decidieron apostar por una operación arriesgadísima que les diera una posibilidad de vivir separadas, de ser individuos autónomos. Vivir sin libertad era para ellas sinónimo de infierno, preferían la muerte antes que seguir vegetando sin personalidad propia.
Podríamos decir que los nacionalismos étnicos, y sin duda el vasco lo es en sus cuadros dirigentes actuales, producen el síndrome siamés, la sensación de asfixia vital de los individuos sometidos a la exclusión social, y en su caso extremo a la violencia, porque no desean sacrificar en el altar de la “construcción nacional” su capacidad de seres autónomos y libres en una sociedad abierta y plural.
Es verdad que hay bastantes ciudadanos vascos que prefieren sacrificar su autonomía individual a cambio de la seguridad que ofrece ser una mera célula de un organismo superior, ser un insecto de un hormiguero confortable, ser un siamés pegado a otro antes que correr el riesgo de morir, pero también es cierto que cada vez somos más los ciudadanos vascos que no queremos vivir con la cabeza uncida al yugo nacionalista cual siameses sobrevenidos, a un nacionalismo vasco étnico y gregario que nos quiere como células de la pretendida etnia-organismo, como hormigas de la pretendida etnia-hormiguero, como hermanas de la pretendida etnia siamesa. ¿Y todavía alguien se sorprende cuando ve a ciudadanos vascos –intelectuales, periodistas, jueces, políticos, y gentes del común- que se atreven a gritar su deseo de vivir libres, sin ataduras, independientes, aun a costa de perder la vida en el intento?
14. LA IZQUIERDA LERDA
Saturday, June 28, 2003
Esta expresión de izquierda lerda tiene el “copyright” del profesor Fernando Savater y no es cuestión de no reconocérselo desde el principio. El ilustre e ilustrado filósofo progresista define a la izquierda lerda española como el conjunto de restos comunistas antisistema que denuestan la democracia liberal sin saber que se ha derrumbado el Muro, más cierta izquierda democrática pero sectaria que por oponerse a la derecha española cae en brazos de un nacionalismo aún más reaccionario.
Todos tenemos en la cabeza ejemplos de ambos casos de izquierda tonta que con su actuación logra –se supone que no intencionadamente- que la derecha se perpetúe en el poder, tanto en el gobierno central de España como en determinadas autonomías. Está claro que la capitidisminuida Izquierda Unida, que en años gloriosos coincidentes con la corrupción y el crimen de Estado del PSOE de Felipe González llegó a tener un importante caudal de votos, una vez la han abandonado independientes, socialistas, republicanos y eurocomunistas, ha quedado como un resto arqueológico de una ideología marxista-leninista derruida junto a los cascotes del muro de Berlín, y los veinte millones de muertos europeos del Gulag que ocultaba.
Y también tenemos presentes a esos socialistas de salón, sectarios hasta la médula, que en su enloquecido odio a la derecha española, son capaces de pactar con el diablo, con el diablo secesionista que alimenta buena parte de los partidos nacionalistas periféricos, especialmente el PNV, pero sin despreciar a Convergencia i Unió y al Bloque Nacionalista Galego, y que por su naturaleza son enemigos del Estado de derecho español que tantos siglos ha costado construir, la constitución de 1978 y sus estatutos de autonomía. Son paradigmáticos Maragall en Cataluña y Elorza en el País Vasco, pero hay algunos más. Por ejemplo, Felipe González y su plumilla Juan Luis Cebrián, que tanta influencia ejercen con el permiso de PRISA, aunque hay que decir que el poderoso imperio mediático de Polanco también mantiene las puertas abiertas a la izquierda ilustrada española cuyo paradigma es Savater, pero igualmente Rosa Montero, Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, Vicente Molina Foix, Hermann Tertsch, Antonio Elorza, Patxo Unzueta, Santos Juliá, Javier Pradera, y tantos otros.
Por eso no sólo es contraproducente para la consolidación democrática de España sino síntoma del fanatismo guerracivilista que invade al ideólogo del ultranacionalismo español, Federico Jiménez Losantos, y a algunos de su mariachis mediáticos, la denostación permanente y la injuria continua del primer grupo empresarial mediático de España. PRISA es el enemigo a batir, no porque ampare en sus páginas a totalitarios que justifican todos los crímenes del comunismo universal como el ex falangista Haro Tecglen y a socialistas sectarios como González, Cebrián, Pérez Royo, Gabilondo, etc, sino porque también es la gran plataforma de la izquierda intelectual que puede permitir en el futuro el triunfo de la izquierda política, es decir, la izquierda ilustrada, todo lo contrario a la izquierda lerda que minoritariamente también pulula por sus páginas y sus ondas.
Pero la encrucijada más importante a la que se enfrenta la izquierda ilustrada española, la única que puede alcanzar el gobierno en una España moderna, moderada y de clases medias prevalentes es la estrategia del PSOE dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero. Las pasadas elecciones municipales eran la gran oportunidad para Zapatero de vencer contundentemente a un partido como el PP en plena crisis por la deriva extremista de un Aznar autoritario, martillo de herejes de los sindicatos, nuevo rico sobrevenido con invitados en la boda de El Escorial del más rancio famoseo y granados delincuentes de cuello blanco como los Albertos, mantenedor de arrogantes ineptos como los responsables de las malas gestiones del Prestige y del AVE, y avalador de una guerra injusta e inmoral en Irak de la extrema derecha norteamericana a la que se oponía la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles.
Si queremos ser ecuánimes, hemos de decir que Zapatero ha logrado reducir la distancia de diez puntos que Aznar sacó a un PSOE a la deriva en el año 2000, y ganar las elecciones por un escaso margen. Pero se trata de una victoria pírrica, porque la situación del Partido Popular y de Aznar era tan delicada -como acabamos de señalar- que un líder de una izquierda ilustrada, moderada, con un proyecto claro para España y su organización territorial, con unas delimitaciones claras respecto a otros partidos, habría arrasado y habría superado al PP con un amplio margen, así como habría ganado ciudades emblemáticas como Madrid, comunidades como Galicia, y en general habría vencido en varios sitios por mayoría absoluta, como por ejemplo ha hecho José Bono, que no sólo ha revalidado su mayoría absoluta, sino que después de veinte años de gobierno aún ha subido del 53 al 58 % de los votos.
Pero para ello Zapatero habría tenido que dar confianza a la mayoría de los ciudadanos españoles, y no la ha dado. No ha dado confianza porque ha permitido que en su partido reine una algarabía política tremenda, donde junto a valores solventes veteranos como Bono y Vázquez y jóvenes como López Aguilar y Trinidad Jiménez, pululan rasputines como Blanco y sus aparatchiks tipo Patxi López, chamarileros como Caldera, y cripto-nacionalistas como Maragall, Elorza y Lizarbe. Una mezcolanza de izquierda ilustrada y de izquierda lerda que da miedo al votante moderado. Y no ha dado confianza porque no ha limitado su coincidencia en la oposición a la guerra y a otras políticas antisociales con una Izquierda Unida poco democrática, de mucha barricada y poca constitución, admiradora de la dictadura cubana y aliada de los secesionistas en nuestra Vasconia del alma.
Y ello ha permitido que un Aznar grotesco tipo Pocholo, haciendo un alarde soez del tamaño de sus testículos, insultando de forma tabernaria a los socialistas que están “en pelota”, asustando a los ciudadanos con el grito de que vienen los social-comunistas, despertando los demonios familiares españoles de la coalición rojo-separatista, ha logrado que, más allá de los exabruptos, buena parte de la ciudadanía que estaba dispuesta a no votar al PP ha sentido pánico de votar al PSOE, porque el mensaje de Aznar tenía un buen punto de anclaje en la incoherencia de Zapatero. El obsceno alarde de atributos viriles ha sido efectivo porque estaba indicando subliminalmente que ante la falta de proyecto firme del PSOE de Zapatero frente a la rebelión secesionista que algunos nacionalistas periféricos han puesto en marcha, el PP era garantía de defensa de la constitución y del Estado de derecho autonómico. Y la falaz criminalización de una no existente coalición social-comunista ha sido efectiva porque Zapatero no había sabido desmarcarse de la extremista Izquierda Unida.
En resumen, que muchos ciudadanos no han visto un PSOE moderado y solvente al que votar, no han confiado en un PSOE jaula de grillos, y han seguido votando al PP a pesar de la insufrible arrogancia de Aznar, del decretazo, del bodorrio, del Prestige, del AVE que no vuela, de la guerra injusta. Porque es mucho más importante para la mayoría de los ciudadanos españoles la seguridad en la defensa del Estado de derecho frente al abordaje faccioso del PNV y de sus compañeros de viaje. Es mucho más importante la democracia española.
Y como guinda de este pastel electoral, la bronca propiciada en la comunidad de Madrid por dos corruptos socialistas y sus presuntos corruptores, pertenecientes a los poderes fácticos inmobiliarios, no pueden ocultar la responsabilidad gravísima del candidato Simancas y sobre todo de José Blanco cuya sombra aparece siempre en el “lugar del crimen”, porque él fue el muñidor de la decapitación de Nicolás Redondo, y él fue al parecer el que forzó la inclusión de estos dos corruptos madrileños en las listas. Si Zapatero quiere tener alguna posibilidad de sobrevivir a la crisis madrileña en particular, y a la desconfianza española en general, está obligado a prescindir de este Maquiavelo de pacotilla que es José Blanco.
Rememorando a Clinton, que ganó en las elecciones presidenciales a un Bush padre victorioso en la primera guerra de Irak, cuando dijo aquello de que “es la economía, estúpido”, muchos progresistas estamos avisando a Zapatero de que debe desembarazarse de sus acólitos pertenecientes a la izquierda lerda española, y rodearse de representantes de la izquierda ilustrada. Y si se mantiene en sus trece, cuando pierda las elecciones generales del 2004, no podrá decir que no se le había advertido de que “es la democracia española, estúpido”.
13. EL ESTADO DE DERECHO EN VASCONIA
Friday, June 13, 2003
El Estado de derecho ha empezado a actuar en estas tierras vascas y navarras, en la antigua Vasconia, a partir del año 2000, una vez expuesta a la luz pública la doble deriva hacia el abismo de los nacionalismos vascos: la traición a la democracia del PNV al firmar con ETA un ominoso pacto para la limpieza étnica como único método de construcción de una Euskal Herria independiente de otra forma irrealizable, sustanciado después en el pacto de Estella, y la renuncia de ETA a abandonar el terrorismo sin precio político pero a cambio de una generosidad extrema con sus encarcelados y deportados.
La evidencia de esa deriva totalitaria de unos y de otros, sin posibilidad de retorno, es lo que hizo que PP y PSOE firmaran el Pacto por las libertades y contra el terrorismo, y pusieran en marcha, con más de 20 años de retraso, la máquina imparable del Estado de derecho en estas tierras donde priva la amenaza, la extorsión y el asesinato de una mafia etnicista que disfruta de una impunidad impensable en la Unión Europea, gracias al nacionalismo llamado democrático gobernante y a la Iglesia Católica imperante.
Y el imperio de la ley, fundamento de la democracia, comenzó a hacerse presente poco a poco en Vasconia. Primero fue la modificación de la ley sobre terrorismo callejero, haciendo que no saliera gratis a los cachorros de las juventudes etarras -ni a sus padres- la destrucción del mobiliario urbano, el incendio y el ataque a todo no nacionalista que se moviera por la calle. La así llamada “kale borroka” disminuyó durante el año 2002 de forma extraordinaria. Era el primer triunfo del Estado de derecho en Vasconia.
Luego fue la modificación de la ley de partidos con el 95 por ciento de los votos de las Cortes, con objeto de ilegalizar aquellas organizaciones políticas pretendidamente independientes pero que en realidad fueran el aparato político de ETA. Se trataba simplemente, aunque algunos no lo quieran entender, de algo similar a la clausura de una cafetería, no por que vendiera café, sino porque fuera además una tapadera para el tráfico de drogas. El que la tapadera política de ETA, AuB, Batasuna o cualquiera otra de las muchas mudas de piel de la criminal serpiente, no se pueda presentar a las elecciones, a todas y cada una de las elecciones que se celebren en el País Vasco y Navarra, era el segundo triunfo del Estado de derecho en Vasconia.
Más tarde vino la modificación del Código Penal para impedir que los asesinos etarras con decenas, centenas e incluso miles de años de condena por crímenes horribles y múltiples, sin el más mínimo asomo de arrepentimiento y renuncia al terrorismo, fueran excarcelados tras tan sólo ocho, diez o veinte años de prisión. El que se hiciera justicia a las víctimas del terrorismo y a la sociedad española de una vez fue el tercer triunfo del Estado de derecho en Vasconia.
Pero todavía falta un largo camino que recorrer para acabar de poner a nuestra tierra bajo el imperio de la ley. Un próximo paso inexcusable es que el Sr. Atutxa y los miembros del tripartito del Parlamento vasco que no quieren cumplir la sentencia firme del Tribunal Supremo sobre la disolución del grupo parlamentario ilegal de Batasuna se sometan también al imperio de la ley. Más allá de las triquiñuelas legalistas que estos antidemócratas llevan a cabo para proteger a los parlamentarios terroristas, si no acatan la sentencia del Supremo sólo cabe una respuesta: su procesamiento está cantado a la vista del artículo 410 del Código Penal, que entiende sobre el delito de desobediencia.
Y en el horizonte de los próximos meses se vislumbra una prueba decisiva para asentar el Estado de derecho en Vasconia. El plan de Ibarretxe para la secesión “de facto” de Euskadi, que no “de iure” para evitar la expulsión de la Unión Europea, previo proceso de “construcción nacional” mediante el expeditivo método de máxima eficiencia a la vista de la Historia cual es la limpieza étnica, es un acto intolerable porque viola la constitución española, asentamiento jurídico del Estado de derecho. El plan de los partidos PNV, EA e IU supone, dicho sin tapujos, una verdadera “insurrección en Euskadi”, haciendo suyo el famoso proyecto elaborado por ETA en 1964 exactamente bajo ese mismo título. Ante un órdago tal a la democracia, podría aplicarse el Código Penal: el artículo 544 y siguientes se ocupan del delito de sedición, penado con hasta quince años de prisión para las autoridades que participaran en él, como podrían ser Ibarretxe y el resto de dirigentes del tripartito.
Y finalmente, si la deriva antidemocrática de unos partidos enloquecidos como PNV, EA e IU lo hace preciso, el Estado de derecho español tiene el recurso necesario para defender la democracia en Vasconia: el artículo 155 de la Constitución Española prevé qué puede hacer el Gobierno en caso de que una autonomía incumpla los preceptos constitucionales. Dicho artículo dice en su apartado 1: "Si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la comunidad autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general".
12. PAISAJE TRAS LA BATALLA ELECTORAL
Saturday, May 31, 2003
Afortunadamente se ha acallado la algarabía producida por la campaña electoral, un evento donde cada vez se dicen más sandeces, astracanadas y chabacanerías, donde se manifiestan lances tabernarios como el del tamaño de los atributos viriles de un presidente (sic) de gobierno, donde se hace demagogia barata y de barricada, y donde se insulta a personas respetables y sobre todo se insulta la inteligencia de los muchos españoles que nos consideramos espíritus sensibles y cultivados.
Una vez está remitiendo también el grotesco espectáculo poselectoral de ver cómo todos los partidos políticos dicen haber ganado los comicios sin tan siquiera sonrojarse, comienza también el tiempo para hacer reflexiones serenas sobre lo acontecido y sus posibles interpretaciones, siempre desde el pensamiento independiente y apartidista, enemigo de la demagogia y del sectarismo, que uno procura mantener.
Sin ánimo de ser exhaustivo ni mucho menos, pretendo dar unas pinceladas sobre mi visión de los resultados electorales en la antigua Vasconia, es decir, de los comicios municipales y forales de Euskadi y de los municipales y autonómicos de Navarra, y por supuesto admitiendo que tratan de resaltar algunos trazos gruesos que me llaman la atención, y que cabe añadir matices a todos ellos.
En primer lugar, creo que puede afirmarse que el PP ha sufrido, como previsto, daños colaterales producidos por su apoyo descarnado a la injusta e inmoral guerra de Irak, pero que el castigo ciudadano ha sido mucho menor de lo que podía haber sido. Pero es innegable que el PP, que era la segunda fuerza política de la Comunidad Autónoma Vasca, ha pasado a ser la tercera, siendo rebasado por el PSE-EE. La realidad es así de contundente. Especialmente duro para el PP ha sido el resultado de Bilbao, donde se habían creado grandes expectativas, porque era la única capital gobernada por el PNV. Decir que el PP ha fracasado en Bilbao por llevar a Aznar en su lista puede sonar atrabiliario, pero pienso que no está muy alejado de la realidad.
En cambio, de los tres ayuntamientos capitalinos y de las tres diputaciones vascas, el único sitio donde el PP gana un escaño, el único, es San Sebastián y su magnífica candidata, María San Gil. Y también hay que decir que UPN, trasunto del PP en Navarra, gana un escaño en la Comunidad Foral y en el ayuntamiento de Pamplona, una UPN que se opuso a la guerra y que sabe conciliar en torno suyo el voto navarro constitucionalista por la moderación de la mayoría –que no todos- de sus dirigentes. Mención especial para la martirizada UPN de Leitza que ha conseguido ser el partido más votado en ese feudo batasuno.
Los socialistas han mejorado los resultados y han rebasado al PP como primera fuerza constitucionalista en el País Vasco, pero hay que analizar los resultados por territorios, porque frente al ascenso del socialismo constitucionalista de Álava y del socialismo pluralista de Guipúzcoa también está el descalabro del PSE en la margen izquierda bilbaína y del PSN en Navarra.
Aparte de los buenos resultados del joven socialista Patxi Lázcoz en Vitoria, y del PSE-EE de Álava en general, destaca el ascenso socialista en Guipúzcoa, donde el mayor salto no lo ha dado ni mucho menos Odón Elorza, sino gente como la socialista y miembro de ¡Basta ya! Maite Pagazaurtundúa, cuya lista ha pasado de dos a cinco concejales siendo el partido más votado en Urnieta, la castigada candidatura del PSE-EE de Zumárraga que ha quedado en primer lugar, la lista socialista exitosa de otro pueblo martirizado, Andoáin, y los combativos alcaldes de Lasarte y Ermua, Ana Urchueguía y Carlos Totorika respectivamente, que han revalidado su mayoría absoluta.
Pero el PSE vizcaíno ha fracasado en su tradicional feudo, la margen izquierda, fracaso al que no son ajenas sin duda las purgas estalinistas que ha dirigido la nueva dirección de Pastor contra socialistas emblemáticos y constitucionalistas como Pera en Baracaldo, los militantes de Sestao, y otros. Y qué decir del PSN, dirigido por un Lizarbe que pretendía ganar en Navarra amenazando con un pentapartito que incluyera a etnicistas como PNV, EA y Aralar: Gracias a la ilegalización de AuB-Batasuna, han subido en parlamentarios todos los partidos –todos: UPN, PNV-EA, IU y CDN un escaño, Aralar 4 escaños-, y el PSN se ha quedado con 11 parlamentarios. Patético.
Para finalizar, cabe decir que ETA-Batasuna ha perdido más de 100.000 votos que han ido a parar a la coalición PNV-EA y a IU, que los 150.000 votos nulos que han obtenido en un Estado de derecho no sirven para nada, y que el ascenso de PNV-EA se hace con los votos de Batasuna, por lo que el conjunto de votos nacionalistas (incluyendo los votos nulos de ETA) sigue suponiendo un poco más del 50 % y el de los votos constitucionalistas un poco menos de la mitad, pero en términos legales los votos nacionalistas no llegan al 50 %. Por lo tanto, como era previsible, la fractura en dos de la sociedad vasca permanece en la mismas proporciones.
En consecuencia, una última reflexión: una proyección de estos resultados electorales a unas posibles autonómicas adelantadas implica que el voto nacionalista hoy en día no tiene la mayoría en Euskadi, por lo que el Plan Ibarretxe de secesión unilateral y fractura social ni siquiera tendría el 51 % de un parlamento vasco renovado, aunque un proyecto de este tipo requiere una mayoría cualificada superior a la que se cuajó para el estatuto de Gernika. Sólo la traición de la IU de Madrazo –y de Llamazares, no lo olvidemos- a la democracia y la Estado de derecho podría darle al mencionado plan de limpieza étnica una victoria pírrica en un hipotético parlamento.
Sin duda Zapatero reflexionará sobre ello cuando saque conclusiones de los resultados en España de las últimas elecciones, y quizá observe con sorpresa que un socialista serio y moderado como José Bono, que se opuso a la deriva extremista por beligerante de Aznar pero que no cayó nunca en la demagogia frentista y sectaria tras la estela también extremista de IU, no sólo ha revalidado su mayoría absoluta en Castilla-La Mancha, sino que ha pasado del 53 % al 58 % de los votos. Ese porcentaje lo dice todo.
11. EL PNV Y EL ERROR HISTÓRICO DEL NACIONALISMO ALEMÁN
Saturday, May 10, 2003
Una vez acabada la segunda guerra mundial, y terminado el atroz proyecto de limpieza étnica que Hitler llevó hasta su últimas consecuencias, muchos estudiosos, alemanes y occidentales en general, se interrogaron para intentar comprender cómo la mayoría de un pueblo culto como el alemán se había dejado arrastrar hasta el Holocausto. Y también cómo los partidos nacionalistas moderados y los demócrata-cristianos habían permitido que Hitler, que incluso en las elecciones amañadas y semi-democráticas de marzo de 1933 había sacado sólo un 44 por ciento de lo votos, obtuviera plenos poderes para desmontar el Estado de derecho desde la presidencia del gobierno.
La mayoría de los intelectuales han demostrado que la única respuesta es la teoría del cordero propiciatorio. Alemania se sentía humillada, económica y sobre todo políticamente, porque desde el siglo XIX se había inoculado en las escuelas y en algunos foros intelectuales el peligroso virus del nacionalismo étnico. Los movimientos posrománticos “völkisch”, equivalentes a los diferentes movimientos posrománticos “abertzales”, hablaban de un Pueblo, el “volk” germánico, como el “herri” vasco, que había sido despedazado y destruido por la Historia, por lo que era necesaria la reconstrucción de la nación alemana.
El plebeyo y extremista de Hitler consiguió muchos votos apelando a la Patria, a la necesidad de devolver el orgullo a la nación alemana, a la necesidad de llevar a cabo la “construcción de Alemania”, justo como ahora los abertzales nos hablan de la “construcción de Euskal Herria”. Y hubo muchísimos alemanes, e incluso líderes de los partidos moderados nacionalistas o cristiano-demócratas que creyeron que, para “salvar” a Alemania, era necesario un partido como el nazi.
Porque Hitler hablaba de que Alemania para ser reconstruida necesitaba exterminar a los enemigos de la nación que tenía dentro, los judíos, los comunistas, los socialdemócratas, los homosexuales, los que fuera. Y los “buenos alemanes” permitieron los excesos de los nazis, porque desde su posición nacionalista, consideraban un mal menor que ciertas minorías étnicas o ideológicas perdieran sus derechos civiles. E incluso se volvieron ciegos, mudos y sordos cuando vieron que los nacionalistas extremistas llegaban a exterminar de forma industrial a los “enemigos de la nación”.
Los “buenos alemanes” pensaban que eso sería una fase pasajera, que al final el plebeyo de Hitler caería también, pero que Alemania habría recuperado su espíritu nacional. Y lo demostraba el hecho de que las otras potencias europeas, que habían humillado a la república democrática de Weimar, se rendían a los pies de la Alemania nazi, cediéndoles la región de los Sudetes, incluso Austria entera, todo lo que hiciera falta.
Pero lo que sería un mal menor, la dictadura de Hitler como paso necesario para reconstruir la nación alemana, se convirtió en un modo de vivir, en un modo terrible de vivir. Cuando los “buenos alemanes”, cuando los patriotas y los nacionalistas moderados alemanes, cuando los cristianos y el propio Vaticano, se dieron cuenta de su horroroso error, el plan de limpieza étnica de Hitler que ellos habían apoyado se volvió irresistible, e incluso los que de ellos pretendieron oponerse a la barbarie fueron exterminados.
En nombre de la nación, en nombre de la patria, se había cometido un error que significaba el mayor horror de la civilización occidental: apoyar el plan de limpieza étnica de un extremista como mal menor para reconstruir un nación supuestamente humillada.
¿Es posible no darse cuenta de las extraordinarias semejanzas entre la cadena de errores cometida por los nacionalistas alemanes –y por la Iglesia Católica-, y la que han comenzado a llevar a cabo los dirigentes actuales del PNV como Arzalluz e Ibarretxe, bendecidos por la Iglesia Vasca? ¿No se dan cuenta de que apoyando el plan de limpieza étnica de los nacionalistas extremistas de ETA-Batasuna conducen a los ciudadanos vascos al horror, a la ignominia y al sufrimiento? ¿No comprenden que ellos mismos caerán aplastados por la máquina infernal etnicista que han puesto en marcha?
10. LA TERCERA GENERACIÓN DE ETA
Friday, April 25, 2003
Hay rumores que apuntan hacia la declaración de una nueva tregua de ETA después del próximo verano, si logran arrastrar al PNV a proclamar la “insurrección” frente al Estado de derecho español. Pero también de que si no se alcanza este pacto, podría producirse una escisión en la organización terrorista, dado el ambiente de confrontación total que existe entre los históricos y los cachorros, es decir, entre Antza y los desconocidos anarko-nacionalistas que mandan en la estructura “militar”, o lo que es lo mismo, entre Joxe Mari Olarra y Permach, el perdedor y el ganador del último congreso de Batasuna.
La historia de ETA, y del MLNV en general, es siempre la misma: dos bandos, uno menos extremista que otro están enfrentados, pero cuando parece que se pueden poner de acuerdo “para salvar los muebles”, aparece otro sector, más joven y más extremista que frustra la liquidación de la banda.
No hace muchos años, las peleas estaban entre el sector nacionalista-etnicista liderado por Azkoiti y el sector marxista-leninista del colectivo Artapalo. Azkoiti era uno de los pocos supervivientes de aquella ETA profundamente nacionalista y muy poco marxista-leninista que fue en su origen, y que luego potenciaron figuras carismáticas como Domingo Iturbe Abásolo “Txomin”. Arzalluz y Txomin hace 20 años que intentaron pactar un frente nacionalista vasco, que “barriera” en las urnas a los no nacionalistas, y proclamara el estado étnico independiente vasco. Pero los “bereziak”, los terroristas provenientes de ETA Político-Militar, de formación marxista –leninista, y más fanáticos y menos pragmáticos que los originarios de ETA militar, tomaron el poder en la organización terrorista tras el asesinato de Pertur.
En 1998, dado el descalabro “militar” por detenciones de terroristas y “político” por el levantamiento popular que produjo la infamia del crimen de Miguel Ángel Blanco, en ETA se impusieron momentáneamente las tesis de la vieja guardia de Azkoiti, que pactó con el sector de Antza, y se firmó el pacto con el PNV que posibilitaba la tregua y el frente de Estella. Pero los sectores más fanáticos de la ETA política que se esconde bajo el nombre de EKIN en Euskadi logró dinamitarla, bajo la dirección de Joseba Permach, una vez rehecha la estructura de comandos gracias al año y medio de alto el fuego.
La pregunta es: si en la ETA de las bombas y las pistolas triunfa la línea frente-nacionalista de Antza y su amigo Arzalluz, es decir de paz a cambio de independencia, ¿está asegurada la victoria en el aparato político de la ETA interior, de EKIN, el núcleo duro de Batasuna, de la misma línea partidaria del abandono de las armas a cambio del frente nacionalista de Estella? Porque si no es así, esto no servirá para nada... Otro año de tregua, y luego otra vez los jóvenes lobeznos de Jarrai/Haika/Segi tomarán el mando de la ETA militar.
Ahora el objetivo sería declarar una tregua a la vuelta del próximo verano, si el resultado de las elecciones municipales y forales del 25 de Mayo permiten proclamar a Ibarretxe que su plan soberanista ha triunfado en la sociedad vasca. Porque el lehendakari aprovecharía un relativamente buen resultado en las elecciones municipales para adelantar las elecciones autonómicas al otoño, con objeto de convalidar en las urnas el mencionado plan de secesión disfrazada púdicamente de mendaces encajes en la Constitución y de ilegales referendos. Ibarretxe y Arzalluz habrían conseguido así su objetivo de presentarse a las urnas “habiendo traído” la paz a este país. Y con ello esperarían conseguir una mayoría absoluta en el Parlamento Vasco que permitiera el golpe institucional que supone el Plan Ibarretxe. Lo que no dirían es que habrían alcanzado una tregua de ETA a cambio de un posible Estado vasco independiente, pero totalitario, etnicista, donde más de la mitad de la población viviría sin derechos civiles y políticos, “como los alemanes en Mallorca”.
Afortunadamente, Arzalluz y Antza están equivocados, porque por las urnas jamás podrán proclamar la nación étnica y totalitaria que no existe, esa fantasmagórica Euskal Herria étnicamente pura. Aunque sea cruel decirlo, el sector duro de ETA-Batasuna tiene razón, sólo con la violencia se puede lograr un imposible democrático, la Euskal Herria unificada y euskaldún. Por la sencilla razón de que dos tercios del conjunto que conforman la C.A.V., Navarra y País Vasco francés rechazan esa quimera.
Así que bienvenido sea el posible cese del terrorismo. Primero, porque dejaría de correr la sangre. Y segundo, porque por la vía democrática jamás se conseguirá el objetivo totalitario de Arzalluz, Ibarretxe, Egibar, Antza, Olarra, Otegi y demás iluminados.
Curiosamente, es la tercera generación de ETA la que puede poner en peligro este tinglado. Uno de los 8 fundadores de ETA en 1959, etno-nacionalistas, muy católicos y poco marxistas, era Rafael Albizu. Su hijo Mikel, apodado Antza, es el que ha liderado hasta ahora la estrategia de la ETA etnicista-leninista. Pero una tercera generación, la de los cachorros amamantados (léase en un doble y hasta triple sentido) en los gaztetxes, la ETA anarko-nacionalista, puede prolongar una vez más el derramamiento de sangre. Se trata de esa ETA producida por fermentación de la juventud marginal de los pueblos y barrios vascos, con un fanatismo anti-sistema de estética okupa, y una mezcla muy primitiva de ideas extremistas basadas en el anarquismo y su temible “acción directa” como muleta ideológica para el nacionalismo étnico que llevan en la sangre.
9. DAÑOS COLATERALES EN VASCONIA
Saturday, March 29, 2003
La guerra de Irak es, en mi humilde opinión, injusta e inmoral, aunque no sé si ilegal porque los expertos no se ponen de acuerdo, y reconozco que en mi pobre cabeza no cabe el concepto de guerra legal. Yo estuve en contra de la guerra de Vietnam como ahora estoy en contra de esta guerra, porque la considero injusta e inmoral, porque entiendo que obedece a una motivación imperialista, tanto de componente económico como especialmente geopolítico. Pero no soy un idealista pacifista que está en contra de todas la guerras, porque mi provecta edad me ha enseñado que en este mundo horrible a veces las guerras son justas y morales porque evitan un mal mucho mayor.
Por eso yo acepté como mal menor la guerra de Kosovo, porque se trataba de reaccionar ante una limpieza étnica del ultranacionalista Milosevic que ya había comenzado, y teníamos el precedente del genocidio cometido por este mismo tirano en Bosnia ante la indiferencia universal. Y acepté la guerra de Afganistán porque se trataba de una reacción de legítima defensa de EE.UU. tras el pavoroso ataque terrorista del 11-S, siendo evidente como era que Afganistán era la cueva del terror islamista de Bin Laden. Porque este país no fue atacado por ser una tenebrosa dictadura inhumana como la de los talibanes –criatura por cierto de EE.UU. en su lucha contra los soviéticos, y mucho peor que la dictadura de Irak-, sino por ser el corazón de la red mundial del terrorismo islamista.
Sadam Husein es un tirano, y tiene en su haber hechos horribles como la invasión de Kuwait (que justificó otra guerra) y el genocidio de ciudadanos de su propio país de etnia kurda o shií, pero no es atacado por ello, sino porque es un primer movimiento de un plan geoestratégico de EE.UU., descabellado y peligrosísimo, de imposición imperialista diseñado por un grupo de intelectuales y políticos norteamericanos ultraconservadores y cristiano-fundamentalistas. Dictadores como Sadam hay muchos en el mundo, algunos de ellos protegidos por EE.UU., y está claro para la absoluta mayoría de los analistas que este sátrapa mesopotámico no tiene nada que ver con Bin Laden, mientras que sí tienen mucho que ver, económica y políticamente, dictaduras “amigas” de EE.UU. como Pakistán y Arabia Saudí.
Estos ideólogos norteamericanos que están lindando con la extrema derecha, fanáticos fundamentalistas que invocan a Dios para aplastar a los musulmanes, que temen una Europa unida, que ningunean a Naciones Unidas, que no aceptan el Derecho Internacional, y que están involucrados en turbios asuntos económicos, son Kagan, Kristol y el recién dimitido Perle, denunciado en la prensa por corrupción. Y los políticos arrastrados por esta deriva totalitaria que han influido decisivamente en Bush son los mediocres y fracasados desde el punto de vista político y diplomático Cheney, Wolfowitz y el ágrafo Rumsfeld, el ignorante capaz de llamar vieja Europa a lo que representa la Francia madre de la Ilustración y de comparar a Alemania con Cuba y Libia.
Por todo ello considero que el error, el terrible e histórico error de Aznar ha sido no darse cuenta de que EE.UU. no está dirigido ahora por neoliberales conservadores como Bush padre o neoliberales progresistas como Clinton, sino por auténticos fanáticos ultranacionalistas y fundamentalistas. Con los primeros la derecha española del PP podía sentirse cómoda en su estrategia atlántico-europeísta, junto a Gran Bretaña, a diferencia del europeísmo integral de Francia y Alemania, y del PSOE, pero en un espacio de consenso que era el europeísmo entendido de una manera plural. Pero Blair y Aznar han caído en la trampa de Bush, y han sido arrastrados a una posición extremista, atlantista y anti-europeísta, que ha roto ese consenso europeo mantenido hasta la fecha.
Y las posiciones extremas como la adoptada por Aznar llevan siempre a la ruptura social y a la desestabilización política. Pero si España puede sufrir un vuelco electoral por la posición extremista de Aznar, y la crispación social hoy existente puede amainar en el futuro –si el PSOE es capaz de centrarse y no caer en la demagogia populista del “todo vale” para derrotar al PP-, y por lo tanto finalmente no producir mayores males, las secuelas de la guerra de Irak en Vasconia pueden llegar a ser terribles, y ser consideradas de auténticos daños colaterales históricos de esta maldita guerra.
Porque el ascenso continuado desde 1986 del constitucionalismo en el País Vasco se basaba en que los sectores más modernos y concienciados de la sociedad vasca se iban agrupando al rededor del PSE-EE y también del PP vasco, que frente a la derecha caciquil, clerical y nacionalista del PNV representaba una derecha liberal emergente. Y el ascenso de esta derecha liberal, especialmente en las ciudades, hacía que el a veces ambiguo PSE-EE no se decantara por la posición extrema de los socialistas nacionalistas Eguiguren, Elorza y Zabaleta, sino por la intermedia de Patxi López entre aquella y la claramente no nacionalista de Redondo, Totorica y Díez.
Y todo esto puede saltar por los aires si el PP, arrastrado por la posición extremista de Aznar, aparece a los ojos de los electores como un partido de la derecha española nacionalista y nada liberal, extremista y alejado de una derecha europeísta como la francesa. Muchos votantes vascos del PP, desconcertados, pueden votar al PSE-EE, pero otros muchos, desorientados por la posición a veces ambigua de este partido en el tema vasco, pueden optar por abstenerse. El resultado final puede ser la inflexión y declive de la suma de partidos constitucionalistas y la emergencia del plan secesionista de Ibarretxe aupado por el descenso del PP y de Batasuna.
En concreto, en las ya inminentes elecciones municipales y forales, la falta de libertades especialmente en las aldeas y ciertos barrios de Euskadi ante el matonismo mafioso de ETA-Batasuna, hacía imposible un aumento espectacular de las fuerzas constitucionalistas, pero sí al menos un mantenimiento de las fuerzas acumuladas, que podrían emerger posteriormente en unas elecciones autonómicas donde la presión mafiosa es menor porque no hay candidatos locales en las aldeas y barrios sometidos a la Mafia Vasca. Pero con la previsible caída de voto del PP, no compensada quizá por el aumento del voto socialista, la victoria del tripartito y su proyecto de limpieza étnica puede ser clara. Y éste es el trampolín que Ibarretxe está esperando para dar su impulso de referendum ilegal y de intento de secesión por las bravas.
Más allá de los cálculos electorales, la posición extremista del PP en el tema de la guerra en contra de la mayoría social, que ha traído una oposición frontal del PSOE que a veces raya en demagógica, a la que responde un PP “noqueado” con acusaciones neofranquistas de “social-comunismo”, “amenaza rojo-separatista” y disparates similares, puede hacer en el futuro muy difícil la colaboración de militantes constitucionalistas no ya en el posible gobierno vasco del futuro, sino en la inmediata de municipios y diputaciones. Y lo que sería terrible, el triunfo en el seno del PSE-EE de las tesis cripto-peneuvistas.
Si a todo ellos añadimos que Francia ya amenazó a Aznar con que su apoyo desmedido a Bush y su política seguidista podrían acarrear el quebrantamiento de la colaboración entre Francia y España, en la que no hay que olvidar que el apoyo policial francés contra ETA ha sido decisivo en los últimos años para quebrar continuamente el aparato paramilitar de ETA –el aparato político lo acaba de quebrar el Tribunal Supremo-, la situación de la lucha contra el terrorismo nacionalista puede empeorar también en el frente policial.
En resumen, que la deriva de Aznar, no hacia el norteamericanismo, sino hasta el fundamentalismo norteamericano pilotado por ultras como Bush, Cheney y Rumsfeld, puede dejar al PP en una derecha extremista nada atractiva para muchos de sus votantes, y si en el resto de España esto puede suponer un giro electoral, en Vasconia, y en el combate que se libra contra el nacionalismo étnico y su proyecto de secesión apoyado por las armas, esto puede entrañar perder una oportunidad histórica y un retroceso grave en la defensa de Estado de derecho.
Pero estoy convencido de que a la larga el constitucionalismo vencerá a las fuerzas que quieren subvertir la legalidad. Si las urnas castigan a un PP extremista, surgirá un partido de derecha reformista y moderada, o bien habrá un golpe de timón en el seno del propio PP. Y los jóvenes dirigentes del PSOE, con más experiencia, aprenderán a no hacer tanta demagogia populista y a centrarse también, si quieren gobernar con la mayoría de la ciudadanía española. A pesar de estos momentos de pesimismo, recordaremos la máxima de Henri F. Amiel: “Mil cosas avanzan; novecientas noventa y nueve retroceden; esto es el progreso”.
8. ETNICISMO-LENINISMO, UNA ORIGINAL SÍNTESIS VASCA
Saturday, March 15, 2003
La historia de ETA es la historia de la lucha interna entre el nacionalismo étnico y el marxismo-leninismo, la historia de amor y odio entre las dos almas de esta organización con más de cuarenta años de vida (y de muerte).
Los expertos no se ponen de acuerdo en la definición de ETA como una organización marxista-leninista o como una organización nacionalista-etnicista. Debo advertir previamente que no tengo prejuicios en favor de la bondad de una u otra adjetivación, porque considero al comunismo y al nazismo igualmente totalitarios.
ETA nace de la inquietud de unos pocos jóvenes nacionalistas que, a la par que están desilusionados por la falta de activismo contra la dictadura franquista de un PNV cercano a la Democracia Cristiana, encuentran en los textos revolucionarios impregnados de marxismo de la época una fuente de inspiración para un activismo que sienten necesario.
Pero estos pocos jóvenes que forman el colectivo Ekin son rápidamente absorbidos por la organización juvenil del PNV, EGI, y cuando el presidente del PNV, Ajuriagerra expulsa a uno de sus fundadores, Benito del Valle, se ven obligados a fundar a su pesar una organización fuera de la disciplina del PNV, que denominan ETA, Euskadi y Libertad, por tanto una organización de ”liberación nacional”, no para la revolución social. Es el 31 de Julio de 1959, día de San Ignacio de Loyola, santo patrón de guipuzcoanos y vizcaínos. ¿Casualidad o expresión de su raíz sabiniana, y por tanto nacional-católica?
En efecto, el espíritu que los anima a todos ellos es el espíritu sabiniano, el de un nacionalismo etnicista basado en el odio a lo español, y que ya había producido escisiones extremistas del PNV como las de Aberri en 1921 y las de Yagi-Yagi en 1932. Lo que sí es cierto es que, tras la experiencia hitleriana, el nacionalismo etnicista desecha la base racista de Sabino Arana, y toma prestada la base culturalista o lingüística para expresar su odio etnicista a lo español. Basar la etnia en la lengua es mucho más moderno que hacerlo en la raza, y no está mal visto...
De los dos principales fundadores de ETA, Txillardegi representa la línea nacionalista sabiniana, anticomunista, modernizada con el discurso de la lengua como ariete del etnicismo en lugar de la raza, y Julen Madariaga representa la línea tercermundista y que viste su nacionalismo independentista con ropajes ambiguamente revolucionarios, como los del Che Guevara o los de la Revolución Argelina, pero nunca declaradamente comunista. Cercano a esta posición estará asimismo el ideólogo Federico Krutwig, que también con el tiempo renegará del marxismo. Y también están los que se toman el marxismo en serio.
Con la evolución de ETA, se acrecienta el combate entre el alma sabiniana y el alma supuestamente comunista, pero todos los que se atreven a considerarse marxistas hasta sus últimas consecuencias son expulsados o se escinden una y otra vez, gracias a la alianza entre los nacionalistas etnicistas y los nacionalistas revolucionarios.
En 1966 se van los de ETA-Berri, que derivarán hacia el maoísmo. En 1970 se van las “células rojas” y luego los de ETA VI, que evolucionarán hacia el trotskismo y el PCE. Cuando en 1971 entre los escindidos y los capturados (proceso de Burgos) ETA está agonizando, se fusiona nuevamente con gran parte de EGI, que aporta los militantes mientras a ETA sólo le quedaban armas, militantes puramente nacionalistas etnicistas. En 1974 se forma ETA Político-militar, que derivará en gran parte hacia el socialismo revolucionario de EIA, que acabará en el socialismo democrático de Euskadiko Ezkerra, que también en parte acabará en el PSE...
Pero el pacto entre nacionalistas etnicistas y nacionalistas revolucionarios permite que, gracias a estos últimos, y a pesar de la expulsión de los marxistas strictu sensu, ETA siga anclada a la izquierda del PNV, lo que tiene ventajas políticas y financieras decisivas. En efecto, gracias al posicionamiento izquierdista, los sabinianos logran copar todo el campo sociológico vasco para sus fines independentistas: el PNV en la derecha, y ETA en la izquierda, se complementan en los medios para alcanzar el mismo fin. Y gracias al posicionamiento izquierdista, los revolucionarios consiguen equiparase internacionalmente a los movimientos de liberación de tipo castrista, guevarista, argelino, vietnamita, etc, lo que les permite algo fundamental y decisivo, la financiación y protección internacional de los poderosísimos entonces aparatos secretos soviéticos, la KGB y la Stasi.
En definitiva, la historia de ETA es la historia de la expulsión de todos los que han intentado llevar hasta sus últimas consecuencias su ideología marxista, es decir, priorizar la revolución social, y la historia de la “transfusión de sangre” sabiniana cuando el nacionalismo quedaba en minoría, es decir, lo que significa priorizar la liberación nacional. Fuera del MLNV ha quedado un rosario de leninistas, maoístas, trotskistas, comunistas y socialistas.
La retórica de ETA y de su aparato político y social, el MLNV, habla de la izquierda abertzale, pero su actividad es más abertzale que izquierdista. Sólo hay que ver los pactos del MLNV (con el resto de nacionalistas), las acciones del MLNV (ataca a la izquierda vasca no nacionalista tanto o más que a la derecha), las manifestaciones del MLNV (parafernalia etnicista de txalaparta, zanpantzar, abarcas e ikurriñas, nunca banderas rojas, ni hoces ni martillos).
Su obsesión es la construcción nacional de Euskal Herria, un proyecto que necesita la aniquilación de la mitad de la población vasca para independizar un país. Por tanto, su centro de gravedad es el nacionalismo etnicista, porque su estrategia secesionista es un frente nacionalista-etnicista. Pero su posicionamiento marxista-leninista le permite tender puentes con el izquierdismo también totalitario (Batzarre, Zutik, Aralar, algunos comunistas de IU-EB).
Por eso ETA ha mantenido su posicionamiento izquierdista, y por tanto ha aportado a la historia política mundial una original síntesis ideológica: lo que podemos llamar etnicismo-leninismo, fruto de la fusión de la ideología nacionalista-etnicista que arranca de Sabino Arana cuyo objetivo es la dictadura de una etnia en la sociedad, y de la ideología marxista-leninista, al servicio de la primera y que proporciona el viejo método de Lenin de sustituir la dictadura de una clase (o etnia) por la dictadura de su vanguardia política, es este caso ETA.
La prodigiosa síntesis vasca del totalitario nacionalismo-etnicismo y del totalitario marxismo-leninismo, lo que podemos definir como etnicismo-leninismo, es por tanto, sencillamente, un totalitarismo al cuadrado.
7. OBSERVADORES INTERNACIONALES PARA LAS ELECCIONES MUNICIPALES
Saturday, March 1, 2003
El déficit democrático existente en Euskadi no puede ser negado por nadie que tenga un mínimo de información y un mínimo de moralidad. Ya sabemos que hay algunas personas fuera del País Vasco que no tienen nada de la primera, y algunas en Euskadi que no tienen nada de la segunda. Pero yo no hablo para los segundos, sino para la inmensa gente de bien que sabe más o menos lo que pasa en mi tierra, y también para los primeros que desconocen la realidad vasca.
En esta bendita tierra, especialmente en las aldeas y barrios donde ha arraigado la Mafia Vasca, no hay libertad de expresión, la gente no puede hablar libremente de política en los bares o en las plazas, las personas son señaladas con el dedo sólo por ser sospechosos de votar a una opción constitucionalista, los miembros de los partidos constitucionalistas tienen que vivir bajo la tortura permanente de saberse objetivo del terrorismo etarra y malvivir con escoltas, no se encuentran personas suficientes dispuestas a formar parte de las listas municipales en localidades donde sin embargo existen muchos votos constitucionalistas, etc.
Hay un hecho cierto: si las condiciones de falta de libertad para celebrar unas elecciones que existen en Euskadi se dieran en un país africano o latinoamericano, cualquier político del desarrollado Occidente levantaría la voz denunciando una democracia amputada, y solicitaría la suspensión de las elecciones, o al menos la presencia de observadores internacionales de la ONU para auditar el proceso electoral y proclamar posteriormente sus conclusiones.
Lo que sucede es que en instancias como la ONU no se pueden imaginar que semejantes condiciones de democracia paupérrima se den en un rincón de la Europa vigesimoprímica. Pero hay que llevar la verdad a todas las instancias, y la ONU, a pesar de sus limitaciones prácticas, es un buen lugar.
Estos días se debate la posibilidad por parte de las fuerzas políticas constitucionalistas de no acudir a las elecciones de Mayo. Siendo cierto, como relataba, que la misma falta de libertad que padecemos en Euskadi sería una señal roja de alarma en cualquier parte del mundo, no estoy seguro de que fuera conveniente no presentarse a los comicios. Primero, porque sería muy difícil encontrar unanimidad entre los partidos amenazados, y segundo porque esto supondría abandonar el campo de batalla político a las fuerzas nacionalistas, que es justamente lo que pretenden. En efecto, desde que PNV, EA e IU firmaron con ETA-HB el Pacto de Estella, su objetivo es, y así quedaba reflejado en el mismo acuerdo de la ciudad del Ega, excluir a las fuerzas constitucionalistas de la vida política de Vasconia.
Pienso por tanto que no es buena idea dejar las elecciones en manos de los nacionalistas excluyentes, porque eso es precisamente lo que pretenden. Sin embargo, siendo una realidad que a estos comicios unos partidos, los nacionalistas, van a acudir con toda la libertad del mundo, y otros, los constitucionalistas, van a ir con las manos y las piernas atados, hay que hacer algo. Y creo que lo mejor sería que se denunciara ante relevantes instituciones internacionales como la ONU la situación de déficit democrático, con objeto de exigir observadores internacionales para auditar las condiciones en que se celebran la campaña electoral y los comicios propiamente dichos.
El resultado de esa auditoría de Naciones Unidas podría obligar a una resolución contundente sobre el Gobierno Vasco que tiene la responsabilidad de esta situación, por su apoyo moral, político y económico al MLNV, la mafia vasca que asola Euskadi. A partir de ahí, y según el dictamen final de la comisión de observadores, el Estado de derecho español debería adoptar las medidas correctoras que fueran necesarias. La democracia es así de simple.
Porque si no hacemos nada, si no aprendemos de la historia, estamos condenados a repetirla. Y todos debemos recordar la falta de libertades democráticas bajo la que se celebraron las elecciones del 5 de Marzo de 1933 en Alemania, con Hitler ya provisionalmente en el poder, en condiciones muy parecidas a las actuales de Euskadi: las S.A. persiguiendo, amenazando y asesinando a los opositores políticos al nacionalismo étnico alemán, mientras el gobierno de Hitler miraba para otro lado y se dedicaba a seducir con buenas palabras patrioteras al electorado “de orden”. Y eso le bastó para, desde el poder, salirse de la constitución e implantar su dictadura de limpieza étnica, simplemente aprobando la “Ley de Plenos Poderes” del 23 de Marzo, en nombre de un pretendido “wiederherhebung”, el resurgimiento nacional. ¿Verdad que todo esto nos suena?
Ésta es la historia y éste es el mundo real. Vasconia vive una situación en algunos aspectos muy parecida a la Alemania de 1933. Aún estamos a tiempo de parar el tren que lentamente camina hacia el Auschwitz vasco. Pero ante las elecciones municipales y forales del próximo Mayo, o exigimos a la comunidad internacional una auditoría realizada por observadores imparciales sobre la limpieza de las mismas, o podemos entrar en un túnel de oscuro pero conocido final.
6. EL ESPÍRITU DE ANDOÁIN
Sunday, February 16, 2003
Por definición no es fácil definir –valga el juego de palabras- un espíritu, pero como quiera que no estamos hablando de un ser etéreo tan cercano a la mitología del etnicismo vasco y del resto de los nacionalismos como el “volkgeist” o espíritu del pueblo, sino de una acción colectiva racionalizada que une a muchos ciudadanos, trataré de hacerlo de la forma más simple posible.
Todos estamos de acuerdo en que el secuestro, pasión y muerte de Miguel Ángel Blanco por su increíble indecencia produjo entre una gran mayoría de la gente vasca de bien lo que fue dado en llamar el Espíritu de Ermua, una acción colectiva racionalizada –porque en ningún momento se trató de una emoción pasional e incontrolada- de indignación frente al crimen horrible de ETA y sus satélites políticos, sociales, culturales y sindicales. Tan real fue el Espíritu de Ermua, que el nacionalismo vasco se asustó, porque se vislumbraba el fin de ETA ante la indignación popular, incluso de los votantes nacionalistas, y se dedicó a desactivarlo tejiendo complicidades con Herri Batasuna hasta llegar al pacto PNV-ETA que precedió y posibilitó el pacto de Lizarra.
Con la vuelta de ETA al terrorismo el PNV se desvinculó formalmente del MLNV, pero no en la práctica porque se ha dedicado a defender a Batasuna del acoso del Estado de derecho, a subvencionar a los satélites de ETA como AEK con miles de millones de subvenciones, a mantener en los ayuntamientos a los alcaldes batasunos que no condenan el asesinato de sus propios funcionarios o conciudadanos, etc.
El asesinato de Joseba Pagazaurtundua ha desatado la ira popular porque es un crimen anunciado. Los mandos de la Ertzaintza dirigidos por peneuvistas le enviaron al matadero al hacerle regresar del exilio interior de la Rioja alavesa a Andoáin, un pueblo donde no impera la ley sino la muerte, de la mano de un alcalde filoetarra mantenido en el poder por el PNV. Esto lo han denunciado con nombres y apellidos los familiares del asesinado. Pero esta ira inicial se ha racionalizado.
Sin duda este movimiento popular desatado a partir del crimen de Andoáin es menor que el de Ermua cuantitativamente, pero quizá no lo es cualitativamente, porque ha supuesto un nuevo hito en la lucha de la sociedad vasca contra la mafia. Si en Ermua se condenó no sólo a los “comandos paramilitares” de ETA sino también a sus “comandos civiles” como Batasuna, Jarrai, LAB, Gestoras, etc, ahora es un nuevo hito en la lucha de los vascos por la libertad la prohibición expresa de la familia a recibir en el sepelio el pésame de esas plañideras de alquiler que son los dirigentes políticos del tripartito que están dirigiendo Euskadi hacia el abismo al amparar la impunidad de los matones. Como ha sido un hito la concentración ante el palacio de Ajuria Enea para gritar a los vientos lo que muchos sabemos desde hace tiempo: ¡ETA culpable, Gobierno Vasco responsable!
El espíritu de Andoáin lo podemos definir pues como un grito colectivo de ¡Basta ya! a la impunidad para los terroristas y sus secuaces “civiles”, y también a la responsabilidad de un Gobierno Vasco que apoya moral, económica y políticamente a los terroristas, y que si no ceja en esa postura, se convertirá automáticamente en un gobierno cómplice del terrorismo. Esta acción colectiva está racionalizada por sus planteamientos lógicos y su proporción en las formas, y es lo opuesto precisamente a la emoción colectiva, que deriva no de la razón sino del fanatismo.
Para entender este nuevo Espíritu de Andoáin, nada mejor que un poema y que un filosófico artículo. Porque la poesía y la filosofía son como el alma y el cuerpo de un espíritu colectivo racional del tipo de los que estoy hablando. Y al Espíritu de Andoáin, para entenderlo realmente, hay que acudir a su alma y a su cuerpo.
El alma del Espíritu de Andoáin es el poema desgarrado pero lúcido que escribió Maite, la hermana del asesinado impunemente en Andoáin; recordémoslo porque es muy breve:
“¡Malditos!
Malditos,
vosotros, los asesinos.
Malditos,
los chivatos que
aconsejáis la muerte.
Malditos,
los falsos patriotas
de corazón avieso,
los que habéis alimentado la locura,
malditos.
Malditos,
también vosotros los ciegos,
pues permitís a los falsos patriotas,
a los locos y a los asesinos un espacio
repitiendo que hay un conflicto,
como si cupiera un lugar
intermedio entre el verdugo
y su víctima.
Y vosotros,
políticos de corazón de hielo,
que enviáis plañideras
tras las pancartas,
para guardar las formas,
para engañar al pueblo,
recibid el desprecio en nombre
de mi familia.
Y vosotros,
ciudadanos, castigadlos.
Ya sabréis democráticamente cómo”.
Y el cuerpo del Espíritu de Andoáin es el artículo que escribió Fernando Savater también a las pocas horas del crimen anunciado. Este “cuerpo filosófico “ lo podemos resumir en unos pocos párrafos que destaco a continuación:
“Pero esta vez las cosas no van a ser tan sencillas. Algunos estamos dispuestos a que no se vuelva a una supuesta 'normalidad' que sólo lo es para quienes están de acuerdo (o fingen estarlo) con el nacionalismo establecido. No queremos más pésames de las autoridades, sino un cambio de rumbo, de tal modo que en Euskadi deje de dar miedo estar contra ETA y empiece a dar miedo estar a favor de ETA. (...) Aquí ya no va a haber tranquilidad para nadie hasta que no la haya de veras para todos. (...) Ante Pavelic, el lider croata de la Ustacha fascista que llevó a cabo la limpieza étnica de serbios durante la Segunda Guerra Mundial, definía su tarea así: «Un tercio muertos, un tercio expulsados y un tercio convertidos». En el País Vasco tenemos a bastantes admiradores de Pavelic que quieren aplicar la misma receta. Pero algunos estamos dispuestos a luchar con todas las armas legales a nuestro alcance contra los que matan, no pensamos irnos y desde luego no vamos a convertirnos a la mermelada ideológica del nacionalismo. De modo que los Pavelic de turno lo van a tener pero que muy crudo”.
Quien quiera comprender qué es el nuevo espíritu que recorre Vasconia, que entienda con la cabeza y que sienta con el corazón, que es la forma integral de comprender las cosas. Leyendo el artículo de Fernando y sintiendo el poema de Maite podemos llegar a comprender
qué cosa es el Espíritu de Andoáin. Que así sea.
5. LA DEMOLICIÓN DEL ETNICISMO POR LA CIENCIA
Sunday, February 9, 2003
El racismo, y por ende su versión modernizada y “blanqueada” tras el Holocausto, el etnicismo, estaba ya derribado por la ciencia, porque hace ya tiempo que los biólogos y los antropólogos nos habían anunciado la buena nueva: no existen las razas humanas desde el punto de vista científico, sólo existe actualmente una única raza de la especie ”homo sapiens sapiens”. Las diferencias entre blancos, negros y amarillos, denominados académicamente leucodermos, melanodermos y xantodermos son simples diferencias superficiales producidas por la adaptación al entorno, pero no existe ninguna diferenciación racial desde el punto de vista genético. Y por supuesto las diferencias entre grupos sanguíneos y factores Rh son debidas a fenómenos de migraciones, mestizajes y aislamientos prehistóricos, pero en absoluto se pueden adscribir a diferencias raciales.
Pero un estudio reciente que acaba de publicar la revista Science realizado por siete científicos de Estados Unidos, Rusia y Francia ha procedido a la demolición definitiva del racismo y su versión edulcorada del etnicismo. El artículo publicado al respecto por el diario El País el 20 de Diciembre de 2002 nos da estos dos grandes titulares: “Cada persona es distinta, pero no debido a su raza” y “El 95 por ciento de la variabilidad genética actual existía ya cuando nació la especie, antes de que hubiera etnias diferenciadas”.
La Ciencia, ese motor de la Ilustración que Voltaire definía como uno de los instrumentos para acabar con la infamia del oscurantismo y de la superstición, ha sido siempre el enemigo de las políticas románticas y contrarrevolucionarias desde el siglo XIX hasta nuestros días, y bien lo sabemos los vascos que padecemos la tiranía irracional de un nacionalismo vasco racista, clerical y reaccionario como el del PNV anclado en las ideas decimonónicas del integrista Sabino Arana, y el de un nacionalismo vasco totalitario y terrorista como el de ETA-Batasuna anclado en las ideas marxista-etnicistas (lingüístico-culturales) del siglo XX.
El elemento sin duda más influyente en el caldo de cultivo que produce el virus cancerígeno del etnicismo en Vasconia es y ha sido en los últimos 25 años la política educativa en la que no se ha enseñado Ciencia e Historia sino Mitología, basada fundamentalmente en el mito de un Pueblo Vasco –Euskal Herria- irredento, diferente biológica y culturalmente al resto de españoles y franceses, mito tan letal como el de la Raza Aria del nazismo alemán.
Sobre este mito oscurantista vasco, y a modo de demolición total, copio literalmente del mencionado artículo: Los autores han analizado una veintena de ciudadanos vascos, y los datos revelan que son europeos típicos: el 99,3 por ciento de sus marcadores son indistinguibles del resto de las poblaciones europeas. Sin embargo, muestran unas frecuencias de marcadores algo peculiares. Mary-Claire King, del departamento de Ciencias Genómicas de la Universidad de Washington en Seattle, que publica hoy en Science un comentario sobre el trabajo, explica a este diario: “Los datos favorecen la explicación de que los vascos son europeos típicos, aunque han permanecido relativamente aislados en la historia”. Pritchard señala: “Mi interpretación es que los vascos son muy similares a los demás europeos, pero que han estado relativamente aislados históricamente”. Y Rosemberg añade: “Los vascos están más relacionados con las demás poblaciones de Europa que con los grupos de otras partes del mundo”.
Nada de razas paleolíticas, diferentes –y se supone que superiores- a los mediterráneos que trajeron la civilización y a los indoeuropeos que la cristalizaron socialmente, nada de Rh negativos diferenciadores como groseramente ha defendido el patriarca del PNV, Arzalluz, nada de originalidades étnico-lingüísticas como han defendido los más sofisticados ideólogos de ETA-Batasuna, Krutwig y Txillardegi. Simplemente, peculiaridades producto del tradicional aislamiento del “Saltus Vasconum”, donde ha habido mestizaje a lo largo de la prehistoria y de la historia, pero menos que en el resto de la península y del hexágono. Eso, y no otra cosa, significan también los estudios de estratificación genética de la población europea del prestigioso científico Luca Cavalli-Sforza, y su conocido quinto componente en la zona franco-cantábrica.
Por cierto que también hace tiempo que la Ciencia, en este caso la Filología, ha demostrado que el euskara tiene actualmente un 50 por ciento de su léxico proveniente del latín, que asciende hasta cerca de un 70 por ciento si nos referimos a lenguas indoeuropeas, incluyendo además los celtismos, los castellanismos, los galicismos, etc. Por supuesto que la lengua proto-vasca que hablaban los vascones hace dos milenios sería ininteligible para cualquier euskaldún actual. Pero gracias a ese relativo aislamiento, se ha podido conservar una lengua evolucionada a partir de una de las muchas lenguas prerromanas que poblaban Hispania y las Galias.
¡Pobres nacionalistas étnicos! Las luces de la razón y de la ciencia acabarán con ellos más temprano que tarde. En España hemos tardado dos siglos en asumir los principios políticos de la Ilustración, pero en este rinconcito de Vasconia nos está costando bastante más tiempo. Y lo peor es que nos está costando demasiada sangre.
4. LA TRAICIÓN DEL NACIONALISMO VASCO A LA DEMOCRACIA
Sunday, February 2, 2003
La deriva extremista del PNV que se plasmó en 1998 con el infame pacto de comunión de fines entre el PNV y ETA, y su posterior visualización mediática con la firma del Pacto de Estella, se mantiene al día de hoy más firme que nunca según declaraciones de Arzalluz y Egibar, a pesar de las diferencias meramente tácticas sobre la oportunidad del empleo del terrorismo. Y lo hemos comprobado con la intolerancia de Ibarretxe en el parlamento y su plan de secesión unilateral e ilegal. Pero este largo y tortuoso camino había comenzado en 1990.
En efecto, en 1989 había caído el Muro de Berlín, el imperio soviético se derrumbaba, y el nacionalismo alemán, oculto en la cueva de la CDU de Kohl, y especialmente en la CSU de Baviera, empezó a despertar de su letargo y a impulsar el estallido étnico de los Balcanes, del Báltico, de Centroeuropa. En abril de 1990 Arzalluz recibió de la CSU el visto bueno para promover la independencia de Euskadi al igual que el fascista Tudjman había recibido el placet alemán para la secesión de Croacia. El plazo previsto por Arzalluz para alcanzar la independencia era el año 2004, según sus propias declaraciones.
A partir de esta decantación del PNV por la vía independentista propia del nacionalismo étnico, que no del nacionalismo cívico que era la tendencia que hasta entonces había predominado en el PNV de posguerra, dado que Euskal Herria no existe como etnia pura vasca, ni como territorio vasco definido, comienza la estrategia diabólica hacia la secesión etnicista pilotada por Arzalluz en varias etapas.
Primera etapa: en enero de 1991 Arzalluz se reúne en secreto en su chalet de Zarautz con la dirección de Herri Batasuna, y pacta que a partir de las próximas elecciones forales y municipales de junio de ese año, se aliarán para derribar en Guipúzcoa el poder de Imanol Murúa de EA, la bestia negra del PNV entonces, y que impedía la concertación de PNV y HB. Así se pactó, y así se hizo.
Segunda etapa: en abril de 1992 se consuma la primera gran traición a la democracia, el pacto PNV-ETA para modificar el trazado de la autovía de Leizarán, lo que supone en palabras de la Mesa Nacional de HB el ensayo general para lograr la independencia de Euskal Herria, según la estrategia de poner las bombas por parte de ETA, y pactar su cese gracias a la concesión que arranca el PNV del gobierno central. Hay que decir que tan infame fue la traición del PNV a la democracia como la cesión del gobierno de Felipe González al chantaje. Así se pactó, y así se hizo.
Tercera etapa: en junio de1992, los secretarios generales de los sindicatos nacionalistas, ELA como correa de transmisión del PNV y LAB como bedel de ETA-HB pactan iniciar la llamada “unidad de acción”, que no significaba otra cosa que el ensayo general a nivel sindical de la alianza de todos los nacionalistas para lograr la secesión de Euskadi. Así se pactó, y así se hizo.
Cuarta etapa: en julio de 1998, el PNV, siempre con su acólito EA pegado al trasero, firma el ominoso pacto con ETA para juntar de forma definitiva sus fuerzas y lograr así la independencia, lo que se escenificará después en el Pacto de Estella y la declaración del alto el fuego de la banda terrorista. Así se pactó, y así se hizo.
El invento sufrió un frenazo en 1999, debido a la firmeza del gobierno de Madrid para no ceder al chantaje y a la impaciencia de la nueva generación de etarras anarko-nacionalistas. Pero al día de hoy Arzalluz, su “chico malo” Egibar y su “chico bueno” Ibarretxe se mantienen firmes en la dirección del PNV, esperando que su demagogia populista siga narcotizando a una mayoría de ciudadanos vascos, y que la locura de esta ETA “okupa de la casa nacionalista” se racionalice, con lo que se podría recomenzar otra vez.
La prevista quinta etapa sería más o menos así: El PNV con el plan insurreccional-secesionista de Ibarretxe pretende colmar el trasvase de votos de Batasuna a ese partido, y con la ayuda de los apéndices ad hoc de EA e IU conformar una mayoría absoluta nacionalista de corderitos sumisos al pastor Arzalluz. Como éste dijo tras el 13-M, “los nacionalistas somos mayoría absoluta”, pero ETA-Batasuna no se adhirió al pastor, porque son ovejas negras díscolas que pretenden mandar más que el pastor. Ahora, con la disolución de Batasuna por vía judicial y política, Arzalluz lo puede conseguir.
Si en la primavera de este año 2003 el tripartito gobernante gana ampliamente las elecciones municipales y forales, Ibarretxe comenzará la insurrección prometida en el otoño. A partir de ahí quedan muchas variables abiertas, entre ellas una posible tregua de ETA que propiciaría un referendum ilegal, pero lo más probable, si el éxito municipal es contundente, es que Ibarretxe convocara unas elecciones autonómicas adelantadas para tratar de reproducir esa mayoría absoluta uniformada y secesionista en Ajuria Enea.
A partir de ahí, cómo liquidar la democracia desde el propio gobierno está escrito en la Historia: Hitler, Fujimori, Chávez y tantos otros...
(Fuentes bibliográficas: Arzalluz, la dictadura del miedo. José Díaz Herrera e Isabel Durán. Ed. Planeta / El árbol y las nueces. Carmen Gurruchaga e Isabel San Sebastián. Ed. Temas de hoy)
3. VASCONIA Y LAS COMUNIDADES HISTÓRICAS
Saturday, January 25, 2003
Las declaraciones del presidente del Tribunal Constitucional Jiménez de Parga sobre las comunidades históricas españolas, nos han dado un ejemplo de lo absurdo que es a veces el debate político en España.
Muchos catalanes, vascos y gallegos, y no sólo los nacionalistas, se han lanzado al cuello del insigne profesor de derecho constitucional. Los socialistas e incluso el PP han demostrado su desacuerdo. Y el motivo es que estas declaraciones en el ámbito político no significan lo mismo que en el terreno intelectual, porque el primero es, por definición, reduccionista.
En el ámbito intelectual, en el que nos situamos los que no somos políticos, lo que ha dicho Jiménez de Parga es irrebatible, quitando la insinuación de su deseo de reforma constitucional, que es tan sólo eso, una idea personal y discutible. Pero las dos líneas maestras de su brillante discurso, la igualdad autonómica y la igualdad histórica, son ciertas desde el punto de vista científico, es decir, desde Las Luces de la Razón.
Es irrebatible que en un Estado de derecho no puede haber unas comunidades autónomas con más derechos que otras. Y como consecuencia de ello, en un Estado cuya soberanía reside en la nación española, por muy plural que ésta sea, no caben las asimetrías, que sólo pueden darse, si así se acuerda, en un Estado que se constituye como federación de Estados previos. Y desde luego la izquierda democrática, la izquierda ilustrada, es la que tiene más razones, más incluso que la derecha, para proclamar la igualdad y la cohesión social y territorial. Sólo la izquierda marxista-leninista o la anarco-cantonalista pueden decir lo contrario. Ahí están los Llamazares y los Maragalles, los Madrazos y los Elorzas, sin duda.
Es irrebatible también que en la Edad Media, la civilización estaba en el sur, en los reinos hispanos musulmanes –que no árabes, porque los árabes siempre fueron una eximia minoría en Hispania-, y la barbarie estaba en el norte, en los reinos cristianos, dicho sea esto en términos absolutamente relativos. Y quien diga lo contrario, no tiene ni idea de historia, tan sólo ha leído el catecismo falangista de la Historia de España, tan tribal y mitológico como el que se enseña ahora en Cataluña o Euskadi.
Lo que pasa es que estas dos grandes verdades proclamadas por Jiménez de Parga se pueden complementar con otros argumentos, no históricos ni jurídicos, por supuesto, sino culturales. Y la realidad es que en España existen culturas diferentes, basadas fundamentalmente en la lengua, la tradición y el derecho civil, que se deben respetar. Que a esas culturas los nacionalistas les llamen “naciones” sólo demuestra que su concepto de nación no es el acuñado por la Ilustración, como colectivo cívico sujeto de derechos políticos individuales, sino el concepto de nación fundado por los reaccionarios románticos alemanes, como colectivo étnico sujeto de derechos prevalentes sobre los individuos basados en la raza, la lengua, la religión, etc..
Dejémosles que lo llamen como quieran, culturas o naciones, el término constitucional de nacionalidades permite esa ambivalencia semántica del concepto de nación sin crear falsos debates. Lo cierto es que las diferencias culturales que existen en España no pueden suponer desigualdad de derechos políticos, sociales, económicos ni culturales para ningún español. Así de claro, si queremos tener un Estado de derecho.
Y si todo esto no se explica, y el debate intelectual se convierte en bronca política, entonces entran en juego los sentimientos de las personas, y todo se enfanga por razones electoralistas. Por eso, dándole la razón intelectual al señor Jiménez de Parga, creo que ha cometido un error político, porque el presidente del Tribunal Constitucional no debe abrir debates políticos pasionales que no conducen a nada más que a crispar el ambiente.
Son los ciudadanos sin responsabilidades políticas, empezando por los intelectuales españoles, los que han de empezar a educar a la gente, digámoslo sin complejos. Y después de haber sembrado con las luces de la razón, podrán los políticos cosechar frutos racionales y no pasionales, abordando este tema de la estructura política de España. En este sentido, un Jiménez de Parga ya jubilado habría dado una primera lección magistral, aunque parcial.
Dicho todo esto, ¿qué podemos decir de Vasconia? ¿es una comunidad histórica? Está claro que no, porque la antigua Vasconia, la Euskal Herria de los vascohablantes, nunca ha tenido una historia independiente, no digamos ya superior a otros territorios de España. Vasconia es un núcleo cultural, asentado en dos naciones cívicas plurales, como son Francia y España, y que en este último país ha desarrollado históricamente dos comunidades, el País Vasco y Navarra. Y en ambas comunidades el componente cultural vasco es un ingrediente más o menos importante de esa “sopa” maravillosa de mestizaje en que han devenido.
Y como vascos hemos de reconocer que, efectivamente, mientras los andalusíes medievales disfrutaban de una refinada civilización, algunos vascones se organizaban como podían en un reino de corte germánico, y por tanto bárbaro, y los más desgraciadamente vivían en el “Saltus vasconum”, en el bosque vasco talmente como en la Edad de Piedra. Y que mientras en el Siglo XIX los ilustrados españoles se oponían a la monarquía absolutista, y en el Cádiz andaluz se proclamaba la primera Constitución española democrática, la mayoría de los vascos y de los navarros eran una turbamulta de absolutistas carlistones. Y los pocos ilustrados vascos existentes tenían que soportar en las ciudades el asedio de la marabunta baserritarra. Ahí está “El Sitio” de Bilbao como símbolo, que llega hasta nuestros días, de resistencia de la modernidad frente a la bárbara chusma salvaje que ha dado la campiña vasca, toda llena de curas trabucaires, txapelgorris, sabinos y etarras.
Navarra y Euskadi son comunidades por tanto plurales, con un componente euskérico digno de salvaguarda, pero en absoluto étnicamente puras como pretenden los fanáticos del nacionalismo vasco, que han leído a los etno-filósofos alemanes precursores del nazismo, pero no a los ilustrados filósofos franceses precursores del concepto cívico de nación, que es político y no étnico. Bueno, quizá sólo hayan oído algo acerca de los primeros.
Y España es una nación cívica, plural y rica en culturas, pero que debe velar por la igualdad entre todas sus comunidades autónomas, y por la igualdad de todos los españoles en cualquier comunidad. Eso es el Estado de derecho. Nos lo anunciaba uno de los más brillantes ilustrados que ha dado España, José Ortega y Gasset: El Estado es superación de toda sociedad natural, es mestizo y plurilingüe (La rebelión de las masas).
2. APLASTEMOS LA INFAMIA
Saturday, January 18, 2003
Resulta curioso que a estas alturas del siglo XXI todavía tengamos que andar desmontando las falacias de nacionalistas y pseudo-progresistas de salón sobre los conceptos de tolerancia e intolerancia. Y lo más grave es que a los tolerantes que combatimos la intolerancia nos insulten llamándonos intolerantes. El paradigma de esta superchería social sería Fernando Savater, que es acusado de intolerante por curas trabucaires, por nacionalistas talibanes o por comunistas del Gulag, cuando él defiende la tolerancia, la pluralidad y el mestizaje.
La tolerancia es el fundamento y a la vez el requisito previo de la libertad, de la libertad plena. Sin la primera no exi